Pasaron ya 50 años desde que “Pirucha” y Edgar Ramassa, que en ese entonces contaban 32 y 33 años de edad, respectivamente, decidieron apostar por su pueblo y abrir el Bazar Gabisil, “lo de Ramassa” para todos los pilarenses. Hoy, decidieron cerrar sus puertas, pero en el recuerdo de los vecinos seguirán vigentes como el primer día.
Fueron algunos problemas de salud los que los obligaron a tomar una decisión que, sin dudas, les costó mucho. Y tan difícil fue que, aunque pensaban despedirse a fin de año, decidieron extender su despedida por un par de meses más. Así, hasta fines de febrero, atenderán de miércoles a viernes por la mañana.
Fue la única hija del matrimonio, Gabriela, la que decidió contar la historia de sus papás para rendirles una especie de homenaje después de tantos años de esfuerzo y, sobre todo, amor por Pilar.
Así, la mujer detalló: “Este año mi papá estuvo internado y por dos meses no abrieron. Volvieron, de a poco, abriendo todos los días a la mañana, hasta las 13, y la idea era que cerrara a fin de año pero resulta que quieren seguir abiertos así que durante enero y febrero van a seguir atendiendo, sólo de miércoles a viernes, como una forma de despedirse de los vecinos”.
Inauguraron en 1968. El primer local estaba instalado justo en la esquina de Ituzaingó y Lorenzo López, a una cuadra de la plaza de Pilar. Hace poco más de 10 años se mudaron a Independencia 430 donde aún continúan.
Ahí se sienten como en su casa. De hecho, a pesar de sus problemas de salud, todavía es común ver a Edgar, que tiene 83 años, rondar por el local cambiando precios, acomodando los productos y ofreciendo una sonrisa a todos los clientes que se acercan.
Emocionada, Gabriela contó: “Si es por ellos no quieren dejar el negocio, pero lamentablemente la salud no los tienen con una buena calidad de vida como para que estén todos los días atendiendo”. Y para ella tampoco deja de ser un momento conmovedor, como sucede siempre que se cierra un ciclo: Gabriela creció a la par del negocio y, tal como forjó su familia, pudo ver cómo otros queridos vecinos de Pilar, habitués del bazar, fueron transformando sus vidas.
Fueron 50 años de emociones, de tristezas, de alegrías infinitas y de amistades. Medio siglo en el que Pilar se convirtió en ciudad pero Gabisil nunca dejó de ser un local de pueblo, un lugar siempre atendido por sus dueños.



