“Tengo clientes de hasta 80 años”

Empezó a tatuar de casualidad y ya lleva 30 años. Dice que no hay límites de edad, pero por código, a los menores, solo con los padres. Además, un experto en los arrepentidos.

19 de mayo de 2016 - 00:00
Entró en el mundo de los tatuajes de casualidad, cuando un conocido lo vio pintando murales en un boliche y lo animó a empezar a tatuar: hoy, hace ya 15 años que Alberto Ceja tiene su local El Ritual, frente a la Municipalidad.
Empezó a tatuar a los 30 años pero toda su vida se dedicó al arte: además de tatuador, es pintor, escultor, talabartero, orfebre y joyero.
Cada vez más gente se anima a hacerse un tatuaje y esto lo percibe en todos los estratos sociales y en distintas franjas etarias. “Tengo clientes de 80 años. Hace unas semanas vino una señora de 65 a tatuarse por segunda vez y cuando le pregunté por qué a esta edad, me dijo que vivió una vida llena de prejuicios, y que no iba a terminarla de la misma manera”. 
De cualquier manera, sobre todo en el ámbito laboral, sigue habiendo muchos tabúes. “La capacidad y calidad de una persona no están dadas por lo que tengas en tu piel o por cómo te vistas. La bondad o la maldad, ser rebelde o no, no pasa porque tengas un tatuaje o no lo tengas”.
Figuras como Marcelo Tinelli o su hija Candelaria generaron un neo-boom. Con una sonrisa, Ceja reconoce que muchos llegan a su local pidiendo que les hagan el mismo tatuaje que a un famoso: “No veo mucha TV pero me doy cuenta que hay diseños que se repiten, especialmente en las mujeres”.
Aunque sabe que la parte artística es muy importante, señala que no puede ir separada de la cuestión legal, sanitaria y responsable, porque “el buen tatuador es el que no sólo es un buen artista, sino aquel que cuida la salud de su cliente”.
Realizó diversos cursos de primeros auxilios en el Ministerio de Salud de CABA, ya que en Provincia no hay ninguna legislación que regule a los tatuadores.
Para aquellos que se quieren tatuar y todavía no se deciden, Alberto se sincera: “Un poco de dolor va a haber, pero si tenés ganas, hacetelo, siempre fijándote bien en dónde, las condiciones sanitarias del establecimiento y el material que se utiliza”.
Aunque no se negaría a tatuar nada, es terminante en que, a pesar de que el nuevo Código Civil establece que los menores de edad se pueden tatuar sin permiso previo, él no los tatúa si no vienen con sus padres. “Yo tengo códigos como padre”, concluye. 

El dato
Alberto se autodefine como experto en arreglos y tapados: así, todos los que en algún momento de locura se tatuaron y ahora están arrepentidos, ya saben a quién recurrir.
 
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