Las mil vueltas de un expediente
Las mil vueltas de un expediente
Para mi querido papito, Abel Bautista Plantes
Sr. Director:
Conservo en mi saco el perfume de tu piel en tus últimos momentos de agonía, cuando te acunaba entre mis brazos como a un pequeño niño que se quiere dormir, con la diferencia que yo no quería que te duermas, porque sabía que cuando lo hicieras ya no verías más junto a ti a tu galleguita querida, la que de chica te cuidaba como el regalo más preciado que Dios le dio, la que no tenía que decirte lo mucho que te amaba porque con solo mirarte y abrazarte, te lo decía todo…
Ese último momento me diste un beso en la mano y me llamabas… “estoy aquí papito, no tengas miedo”, te dije sollozando… Entonces, cerraste los ojos, apretaste fuerte mi mano y me dejaste.
Sentí que se desgarraba mi corazón, creo que Dios no sabe el profundo dolor que dejó en mi pecho tu partida.
A veces sueño con ser paloma y cuidar tu morada, con cubrirte con mis alas del agua, del sol y del frío, y si tu alma está en el cielo, volar hacia el infinito para llegar a vos, darte un abrazo y decirte “te quiero”. Es solo un sueño del que no quisiera despertar jamás.
Papito: esto es lo que siento, y no habrá distancia en el mundo que haga que me separe de ti, porque el amor que tengo no morirá jamás, viejo de mi alma, Ñoca querido.
Nilda Ester Plantes, tu galleguita querida.
