En la primera elección como candidato, viví un día inolvidable. Me desperté muy temprano. Tuve reuniones con el equipo a primera hora, fui a votar y luego acompañé a votar a mi mujer hasta la escuela donde estaba empadronada.
Después del mediodía estuve recorriendo las escuelas y al cierre de la votación, me quedé fiscalizando el escrutinio en la Escuela Nº 20 de Derqui. Bien entrada la noche, encerrado en ese microclima y sin comunicación hacia afuera porque la señal de celular es escasa o nula, todo parecía sombrío. Allí, el conteo de votos no era nada alentador.
Eso me entristecía, porque pensaba que no llegaríamos a tener la oportunidad de hacer todo lo que venimos proyectando para solucionar los problemas de Pilar, que para colmo, en los últimos días había mostrado su lado más descarnado con las inundaciones y la falta de obras. Vergüenza ajena.
Ya saliendo de Derqui y recuperada la señal, me pude comunicar con Nico Ducoté, que me cuenta que íbamos ganando! que Zúccaro ya se había comunicado con él reconociendo esta victoria. La emoción fue gigante. Lo primero que hice fue llamar a mi mujer y mis hijos para compartir con ellos la noticia.
Creo que en Pilar la gente estaba acostumbrada a votar a lo menos malo. Hoy, en cambio, sabe que tiene una alternativa. Que hay un gran equipo de personas transparentes y preparadas que los escucha y que está dispuesto a trabajar para que todos vivan mejor.
Con el correr de las horas, las cosas toman su justa dimensión. Son las PASO. Es un comienzo y aún falta mucho. Pero no puedo dejar de recordar que los primeros días en los que arranqué en política, muchos me decían que ganarle al oficialismo en Pilar era imposible.
El problema es que yo no creo que existan imposibles. Creo que solo existen los desafíos.
*Candidato a concejal de Cambiemos.