Tribuna del lector: En unión y libertad

Por Juventud Radical de Pilar
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26 de mayo de 2015 - 00:00

Ayer celebramos un nuevo aniversario de la argentinidad. Es el día por excelencia en que los argentinos nos sentimos especialmente unidos por los lazos de aquello que llamamos Patria. Un sentimiento de pertenencia a la tierra de nuestros padres desborda en nuestros corazones cuando vemos flamear a la blanquiceleste.

La Revolución de Mayo implicó una hazaña de superación y renovación para iniciar juntos una desafiante marcha, que hoy se refleja en nuestra historia. Se ligaban así, nuestros destinos a estas tierras australes, y así surgía el sueño de ver nacer sobre estas tierras una nueva y gloriosa nación, Nuestra Nación.
Tal vez, el hecho de encontrar todo esto reflejado en las páginas de los manuales de historia nos lleva a creer que son hechos lejanos. No obstante, es una cuestión de mera apariencia. En ellos hemos de encontrar las claves para comprender nuestra identidad como pueblo: nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro. En ellos aprendemos de las victorias y de las derrotas, de los aciertos y errores. Debemos reencontrarnos con nuestro origen.
Aquella Argentina naciente no encontraba circunstancias que facilitaran el florecimiento de este sueño patriota. Eran días de crisis institucional, privilegios de sectores poderosos con intereses propios, tensiones y conflictos sociales, rebeliones. No debemos incurrir en la confusión de que la Argentina de hoy no comparte elementos con la de aquel entonces. Era en esencia, un momento crítico; y las crisis siempre suponen una oportunidad y un desafío de superación.
Lo que resulta inminente extraer de la Semana de Mayo es cómo se encausaron los hombres de la independencia en este proceso superador que hoy celebramos como pueblo: en la hora de la necesidad, en tiempos de definiciones inevitables, siendo conscientes de las circunstancias que se vivían, unieron sus esfuerzos en una meta común: forjar una Nación.
¿Eran diferentes a los argentinos del siglo XXI? Por supuesto que no. Eran hombres comunes, comprometidos, que se atrevieron a desafiar las circunstancias históricas. Orientados detrás de un objetivo, asumieron las responsabilidades pertinentes.
Supieron privilegiar el consenso y las semejanzas antes que las diferencias. Y que quede bien establecido, tuvieron diferencias de contenido, de sentido y de metodología en el proyecto emancipador. Sin duda alguna tuvieron distintos puntos de vista, pero no perdieron de vista lo esencial y crearon consenso: reunieron voluntades.
Por eso hoy más que nunca, gritemos como un Pueblo ¡En Unión y Libertad!
 

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