En una sociedad organizada no hay ni puede haber justificación para que existan prácticas violentas o tramposas en el ejercicio de la política.
Los vecinos, que por vivir en comunidad son la causa real de la existencia de la política, no merecen que la actividad de partidos y dirigentes sea la de agredirse, insultarse o chicanearse; en lugar de debatir ideas y proyectos para que todos vivamos mejor.
Lo sucedido días atrás con el concejal Sebastián “Pampi” Pérez no es el primer ejemplo de las malas prácticas, que van desde los “clásicos” robos de boletas, hasta los agravios y descalificaciones recíprocos, e incluyen tantos otros hechos lamentables que padecemos tanto aquí en Pilar como en todo el país.
Nada justifica nunca ni la violencia física, ni la agresión verbal, ni las amenazas e intimidaciones, ni ningún otro proceder que vaya contra la convivencia civilizada y tolerante de quienes piensan distinto.
El respeto por el otro no tiene ni puede tener ideología ni embanderamiento alguno, porque nace de sabernos personas.
Es hora de que todos los políticos nos comprometamos formal y públicamente ante nuestros representados en el mantenimiento de un clima mínimo de paz. Episodios como los comentados mueven a tristes recuerdos de tiempos que creíamos ya definitivamente superados y exigen de cada uno de nosotros ser repudiados con nuestra máxima energía.

