Carta de lector

27 de febrero de 2015 - 00:00

El Lago Cholila, arde

 

Sr. Director:

En sólo tres días  se han quemado miles de hectáreas de hermoso bosque nativo.

Un puñado de hombres combate el fuego con motosierras, picos y palas, corajudos pobladores y turistas junto a una brigada de incendios local que hace lo que puede con una vieja topadora  tratando de hacer un cortafuego.

 Recién ayer llegaron algunos refuerzos; una autobomba, otro puñado de hombres en una batalla desleal contra el fuego que avanza y se come toda la margen norte del lago, llegando ahora a la otra cabecera, zona de gran riqueza turística, disfrutada anualmente por locales y extranjeros.

Todo va desapareciendo, mientras alguien toma decisiones. Ya es muy tarde, ya todo está descontrolado mientras desde los medios o las redes sociales se pelean por si fue intencional o no, se denuncian negociados y ventilan trapitos sucios.

¿Qué culpa tienen los zorros, los huemules, los cóndores?  ¿Qué les importa a ellos de quién son las tierras, si son fiscales o privadas?

Mientras nosotros discutimos, el fuego destruye su hábitat. Los funcionarios están conformes, dicen que está todo controlado, que no hay riesgo de pérdida de vidas y el poco ganado ya fue puesto a resguardo.

¿Y quién cuida mis montañas, mis coihues, mis lengas?

¿Por qué tardan días en reaccionar?

¿Quién coordina?

¿Dónde están los aviones?

En Chile dicen ¿y por qué?

Quiénes frecuentamos, amamos y cuidamos la Patagonia vemos año a año cómo se queman nuestros bosques y sufrimos mirando impotentes las columnas humeantes a lo lejos. ¿Todos los años lo mismo?

No es un tema político, han pasado varios gobiernos y el manejo del fuego coordinado y eficiente es un tema pendiente. ¿Es un tema local o provincial?

Son lugares difíciles es la respuesta, vaya sí lo sabremos los que caminamos anualmente esos bosques.

Ya fueron Bariloche, Lago Puelo, Epuyén, Puelo otra vez...  

Hoy el Lago Cholila arde y los que lo amamos no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

Hay focos por todos lados y los vecinos y los exhaustos brigadistas no pueden aguantar mucho más.

Se necesitan los aviones, más recursos, más ayuda profesional para preservar las maravillas de la naturaleza para nuestros hijos. 

 

Paula Castellote.

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