No sé si él quería hablar. Lo seguro es que yo sí. Encontrarlo a Chelo Rusticucci en alguna calle de Pilar era, al menos para mi, sinónimo de una larga charla por venir.
Cada uno ponía lo suyo pero, como debía ser, él marcaba el rumbo y yo me dejaba llevar. Anécdotas miles, historias de viajes y torneos, todo un mar por descubrir para un amante del deporte.
A Richard lo conocí de chico, cuando Pilar tenía gusto a pueblo, pero a partir de mi ingreso al periodismo pudimos trabar otra relación. él ya era el mejor tirador del país antes de la explosión de los medios en el distrito pero con nuestro “Panorama Deportivo” tuvimos la dicha de acompañarlo en el largo tramo final de su carrera.
Y el era tan generoso que más de una vez nos halagaba diciendo que “por el trabajo de ustedes, mis vecinos me empezaron a ver competir”. Sonaba a mimo.
Guardo en el cajón de mis mejores recuerdos la consagración de Ricardo en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995.
La disciplina no viajó a “La Feliz” ya que se desarrolló en el polígono del Tiro Federal de Buenos Aires y una tarde, sorprendió al continente con la medalla de oro y el record panamericano.
Fui uno de los pocos ojos pilarenses en el lugar junto a su hijo Diego y Hernán Deluca. Debimos ser muchos más.
Fue un genial deportista, con cinco participaciones olímpicas (se cuentan con los dedos de una mano quienes igualan esa hazaña) y múltiples títulos panamericanos, sudamericanos y argentinos. También intervino en decenas de Copas del Mundo y ganó varios premios Olimpia. Pero sobre todo fue un gran tipo.
¿Qué va a ser tan bueno si vive vuelta de casa? Ese prurito barrial que acompañó la trayectoria de muchos, no lo alcanzó a él, que siempre tuvo la compañía, el respeto y el aliento del vecino de a pie.
De ese que en la semana le llevaba los cuchillos o las tijeras para afilar y que, como yo, si tenía la suerte de encontrarlo en la calle podía trenzarse en largas tenidas.
Lo vi por última vez hace un mes. Apurado yo por las urgencias del día, con un chiste a flor de labios él, como siempre. Agradecido, además, por la recuperación de una de sus nietas.
Campechano, apasionado, siempre humilde, dispuesto a escuchar y un gran personaje para entrevistar.
Muchas veces no fue reconocido por las autoridades pero supo sobrellevar esos momentos, callando y entrenando. Y sumando victorias.
Cualquier homenaje que se le haga será merecido. Gracias “Chelo”. Hasta siempre, campeón.
Maximiliano Domenech.
