Como las clásicas reuniones donde madres y abuelas se prestaban a la promoción de las bondades de los recipientes plásticos de todo tipo y color o de las ollas de teflón, las Tupper sex (de ahí su nombre) también llegaron para revolucionar el universo femenino.
Entendiendo que las inquietudes del género pasan cada vez menos por la cocina y más por la cama, los protagonistas de las reuniones son desde hace algún tiempo, los juguetes sexuales. Aunque la dinámica sigue siendo más o menos igual. Explicaciones, compra, venta y charlas que se disparan.
Desafiando los rezagos de pueblo que aun flotan sobre Pilar, Natalia (prefiere no decir su apellido) es una periódica organizadora de Tupper sex. Desde hace algunos años cuenta con negocio propio de lencería y artículos eróticos, bautizado “No solo postres” y que en la actualidad funciona en la calle Yrigoyen.
El próximo sábado 6 de abril organizará un nuevo encuentro donde como antesala de la venta de juguetes sexuales habrá charlas y anécdotas compartidas.
Encuentros
Para la primera reunión de 2013 la organizadora propuso una consigna clara: que cada mujer que asista lleve una experiencia para contar en la reunión, frente a las demás.
“La idea es reunir entre 15 y 20 mujeres y que cada una traiga una anécdota, por eso pido que si vienen amigas, que no sean más de tres, porque entre amigas ya se contaron todo y la idea es que sean anécdotas nuevas, sorprenderse y divertirse”, anticipó la anfitriona que hará las veces de moderadora de la charla.
Pese a no ser sexóloga, psicóloga ni comediante, Natalia puede pararse con soltura frente a las mujeres que asisten a la reunión. Su propia experiencia en charlas –entre ellas las que dicta la maestra de erotismo Paola Kuliok- la preparó para ponerse al frente de los encuentros donde las risas siempre abren la puerta a las dudas.
“Las charlas a veces son graciosas y otras son más serias, depende de cómo sea el grupo, siempre terminamos hablando de qué se puede hacer para mejorar la calidad sexual”, explicó la mujer que, reconoce, “no se si soy una referente pero vienen a preguntarme mucho, no solo en las reuniones sino en el negocio”.
Con las dudas evacuadas, o al menos puestas sobre la mesa, la reunión finaliza con la exhibición de juguetes sexuales –cuyo abanico es cada vez más amplio y curioso- y la compra por parte de las interesadas. “Hay cosas que uno no se imagina que existen –aseguró-, como por ejemplo un vibrador con forma de lápiz de labio que si lo vez no te das cuenta”.
Sin vergüenza
Por su experiencia detrás del mostrador, Natalia no duda al afirmar que “a las mujeres ya no les da vergüenza”. “Antes –comparó- podía haber tabúes pero ahora ya no hay miedo al qué dirán”.
De todos modos, reconoció que la desinhibición es patrimonio exclusivo del género femenino. El hombre se anima, apenas, a pensar en lencería erótica para algún regalo y no más allá. “Al hombre todavía no le interesa el juguete sexual ni las muñecas”, advirtió la comerciante. Las mujeres, en cambio, “compran como si estuvieran comprando un jean”.
Consoladores, vibradores y geles íntimos, son los productos más buscados por ellas. Ahora bien, lejos de la asociación que podría hacerse entre algunos de los juguetes sexuales y la soledad, Natalia apuntó que “la mayoría de las mujeres que los compra está en pareja y lo llevan para usar en la pareja”.
Para agendar
Sábado 6 de abril a las 20. No solo postres. Hipólito Yrigoyen 483. Solo con reservas al 011 15-5954-2615.
Los motivos
Salvar la pareja y salir de la rutina
Además de vender y asesorar, Natalia presta el servicio de “poner la oreja” a inquietudes y dilemas de la vida –y la cama- cotidianas. En su memoria guarda un gracioso anecdotario que le dejan a diario sus clientas. “Vienen desde chicas de 16 hasta mujeres de 80”, aseguró. Y recordó que “vinieron dos consuegras que querían regalarle algo al nieto en común que cumplía 18”. Las originales ancianas terminaron adquiriendo una vagina de plástico pero su ocurrencia fue más allá. La tentación pudo más y terminaron llevándose cada una un consolador. “Una con vibrador y la otra no, porque decía que le daba impresión”, rememoró la comerciante.
De todos modos, el grueso de las mujeres que se acerca está en la franja de 20 a 40 años. Experta en este tipo de cuestiones, Natalia asegura que las mayores inquietudes que empujan a las mujeres a cruzar el umbral de su local son dos: “en primer lugar, dicen: ‘quiero salvar mi pareja’, y si no, ‘quiero salir de la rutina’”.