Una jornada deportiva solidaria

Se realizó en el Club Derqui. Los participantes donaron ropa de abrigo para merenderos y comedores comunitarios de la localidad. Se reunió cerca de una tonelada y media de prendas.
sábado, 18 de agosto de 2012 · 00:00

A fines de julio el Club Presidente Derqui, repitió su faceta solidaria con la propuesta del delegado municipal Eduardo Mancini: una jornada de deportes a cambio de que el público “pagara” con una prenda de abrigo.

La idea del funcionario público era acumular la mayor cantidad de ropa y luego distribuirla entre algunos merenderos y comedores comunitarios de Derqui, “porque a los chicos les cuesta más bancarse el frío”.

Así, el director ejecutivo del club, Marcelo Fiore, no dudó en participar a los numerosos jugadores de todas las disciplinas para un intenso domingo que comenzó a las 11 y recién finalizó a las 17, bajo la consigna “Lo que usted pueda dar, a mí me abriga”, tal la leyenda de los volantes distribuidos en la ciudad durante escasos siete días.

Básquet, voley y otros deportes fueron de la partida, con la cálida salvedad de que se entremezclaron las chicas con los chicos. Y eso desde las categorías más chicas hasta las de Primera.

 

Respuesta

El resultado fue acorde a la clásica solidaridad de los derquinos. Es que durante todo el día desfilaron cientos y cientos de padres para ver a sus hijos jugar y divertirse en función de un sano objetivo.

Por eso, a medida que iban llegando, primero entregaban en la entrada una prenda de lana y después se ubicaban en las gradas para ver cómo era eso de entremezclar deportes y sentido común.

La ropa se fue acumulando y cuando todas las exhibiciones deportivas terminaron y nada de público quedaba, comenzó la clasificación. Guantes y medias de lana, bufandas, gorros, pulóveres, sacones, sobretodos y hasta frazadas de una y dos plazas fueron revisadas una a una para ver su estado.

“El 90 por ciento estaba limpio y sin agujeros, y el resto va a ser cosido por algunas voluntariosas mujeres”, dijo entonces Mancini mientras trabajaba a la par de las cuatro personas que lo ayudaron. La conclusión no pudo ser mejor: poco más de 1.500 kilos de ropa de abrigo.

 

Pasaron varios días para que el delegado municipal pudiera coordinar su trabajo con la entrega de los bolsones. Hasta que en la última semana fue llegando con su camioneta cargada de grandes bolsas a los lugares elegidos previamente. Muchos kilos de ropa fueron entregados en el barrio La Escondida porque su comedor comunitario alimenta a 150 chicos y 30 adultos entre ancianos y madres solteras. Lo mismo sucedió con el merendero “Los niños felices”, del barrio Sansucí, y con el del barrio Los Laureles. Tampoco faltó que la parroquia San Antonio de Padua recibiera una parte de las prendas para que sean distribuidas entre las familias más humildes que acuden a ella. “Era tanta la ropa que todavía me quedan muchos kilos, así que esta semana voy a buscar otro merendero para llevarle”, dijo Mancini este lunes en medio de las gruesas bolsas llenas de solidaridad.

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