Hoy recordamos un día de la historia trágica de nuestro pueblo. La Memoria Histórica se remonta a 57 años atrás, el 16 de Junio de 1955.
Esa tarde, la aviación de la marina de nuestras fuerzas armadas, tuvo su bautismo de fuego. No fue contra un enemigo externo; fue contra el propio pueblo, asesinando mártires inocentes que salían de sus trabajos y que ni siquiera tal vez eran militantes políticos.
Esto contradice la historia de la dictadura, que tomó a la guerra de Malvinas como bautismo de fuego de nuestra aviación.
El 1º de Junio de 1955 se realizó la procesión católica de Corpus Christi, que expresaba odio al gobierno constitucional del General Perón y a la abanderada de los trabajadores, la compañera Evita, aquella que le diera la dignidad a los llamados cabecitas negros pues eran en la mayoría trabajadores de las provincias, que en Perón y Evita descubrieron que tenían derechos, que eran sujetos y no objetos.
La respuesta a ese odio fue un discurso del Gral. Perón, harto de las bravuconadas de las minorías oligárquicas que defendían intereses personales y extranjeros.
La tarde del 16 se produce el bombardeo a las calles y a la Plaza de Mayo. Hospitales, policlínicos y comisarías amontonaban cadáveres, el espectáculo tétrico era ofrecido por un trole bus calcinado por una bomba muriendo la mayor parte de sus ocupantes.
La cantidad de víctimas se estima en 200, siendo los heridos 800, que luego fallecen llegando a un total de 600 muertos.
En la plaza quedan cuerpos destrozados, mutilados y la sangre es el horror del bombardeo.
A las 17.40 sobreviene el último ataque aéreo. El avión descarga su carga de muerte y lleva como insignia la escarapela argentina con una cruz pintada encima, junto a la inscripción “Cristo Vence”.
Ese falso Cristo había asesinado a su pueblo, a sus hermanos, y casualidad era la aviación de la marina argentina, la misma que 21 años después realizaba los viajes aéreos tirando al río y al mar a los secuestrados por el terrorismo de estado.
El mismo odio del Corpus Christi, de la iglesia católica, lo pregonan los capellanes castrenses desde la Esma o la capilla Stella Maris de la marina. La misma obra con distintos actores pero el mismo guión de muerte.
Hoy es el mismo combustible del 55, del 76, es el odio, la irracionabilidad, la falta de argumentos frente a un proyecto inclusivo, para todos y no para algunos.
El fuego ya no viene desde arriba es más sutil, más perfeccionado pero con el mismo fin: no dejar construir un país para todos.
Tengan seguro que a pesar de las bombas, los compañeros muertos , los fusilamientos, los desaparecidos, no nos han vencido ni vencerán nunca, pues la sangre derramada no se negocia, y los que dieron la vida por esta bendita patria nunca serán olvidados.
Casa de la memoria de Pilar.
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