Otro comienzo de clases, otro arranque de este pesado tren de carga que algunos quieren hacer ver como el tren bala y no llega a ser más que el carguero carbonero cada vez más lento y difícil de empujar. Creo que no es ninguna novedad que la escuela no es lo que era antes, y encima vista desde afuera, apenas se puede tener una mínima idea de la decadencia contra la que permanentemente luchamos aquellos que nos interesa, fundamentalmente, que el chico aprenda.
La forma en que se debe ofrecer una educación correcta, libre y gratuita, como la que el Estado debe proveer, está reglamentada en el “Reglamento General de Escuelas Públicas”. Este reglamento, correctamente ordenado por la gente que sabe, dice por ejemplo cuánta cantidad de alumnos puede haber por tanta cantidad de metros cuadrados. Traducido al argentino básico, cuántos pibes puede haber en un salón.
Desde hace muchos años esta parte de ese reglamento, como otras, parece haberse olvidado, y el “elegante” eslogan de “escuela para todos” se transforma en “baldosas para todos” porque es el espacio que se le puede asignar a cada chico. Cualquier padre que hizo el trámite de inscripción, que este año fue obligatoria para todos los cursos, se habrá dado cuenta de lo dificultoso de conseguir una vacante, esa supuesta vacante que debería darse en la escuela del barrio que habita, y entonces nos ahorraríamos el problema del boleto escolar ya que cada chico iría a unas cuadras de su casa.
El tema encima es que la escuela “debe asegurar la vacante”, según las directivas emanadas de las autoridades de la Provincia, esas mismas autoridades que sólo visitan las escuelas para algún acto escolar en el año. Pero que jamás llegan cuando se les piden que vean cómo en un salón de 16 metros cuadrados (4 x 4), hay 50 chicos sentados en sus mesas pegaditas sin un pasillito por donde entrar, con la lógica falta de oxigenación y la imposibilidad de entender lo que la maestra les quiere decir.
Como siempre, quiero ser lo más sincero posible y quiero dejar en claro que esta situación fue hablada con el presidente y el tesorero del Consejo Escolar en persona, quienes gestionan permanentemente ante estos reclamos pero que las respuestas no llegan desde donde deben venir, el gobierno de la Provincia.
Entonces esos mismos maestros que, según la Presidenta, trabajan cuatro horas y tienen tres meses de vacaciones (que luego de refutarlo con hechos jamás se disculpó), lo hacen de una manera totalmente insalubre, con falta de atención lógica que se da cuando un chico no puede estar mínimamente cómodo para prestarla.
El tema es que cuando se habla de “la mayor inversión en educación de la historia” a quienes estamos en ella desde hace mas de 20 años, como es mi caso, no sólo no la vemos sino que pareciera mucho menor que en otras épocas.
Por ejemplo, las famosas netbook de las que se despachan hablando en cada discurso, muy pocas veces han podido ser utilizadas por los chicos en la escuela, lugar para las que se entregaron, porque los denominados pisos tecnológicos no funcionan bien o porque quien debería capacitar para el famoso desbloqueo, tarea ad-honorem de algunos docentes, nunca llegó, y encima ahora los alumnos que han pasado de tercer año a cuarto y que tuvieron la suerte de recibirla a mediados del año pasado, deben devolverla para entregarla a los nuevos alumnos que ingresan a primer año, cuando el mensaje era que la netbook acompañaría la educación del alumno en toda la secundaria, y hablo de los que la recibieron, porque otros nunca tuvieron una.
Pero para que no parezca una denuncia de una persona enojada, invito a cada padre a pasar por la escuela donde va su hijo para conocer las condiciones en las cuales se encuentra recibiendo educación, esa que le dispensa su docente con mucha vocación, pasando de alto esta parte de la reglamentación porque si no, no tendrían clases, y eso los docentes es lo que menos queremos.
