Mirada. “El títere tiene libertad”, asegura Sabrina Geist.
El último miércoles 21 de marzo fue el Día del Titiritero. Una fecha que para muchos pasa desapercibida pero para otros es recordar momentos inolvidables de la infancia. Para quienes lo viven desde adentro del retablo, es reafianzar los esfuerzos para hacer que esta disciplina artística se mantenga intacta, con la misma esencia con la que fue creada.
El titiritero es un artista plástico, un escenográfo, es un comunicador, un humorista, es terapeuta, un ilusionista, un amigo y hasta un gestor cultural. Es una persona que engloba a distintas profesiones, improvisadas en una misma, con el fin de abstraer a chicos (y también a adultos) del aquí y ahora salpicado por el traqueteo del día a día.
Casi por casualidad, Sabrina Geist fue atrapada en un diminuto mundo de fantasías, sin saber que algo tan minucioso como una pequeña escenografía, breve y hasta imperceptible a la distancia, sería en lo que convergerían las tantas actividades artísticas que desde chica practica con pasión.
“Fui a ver una función a un festival interprovincial de títeres en San Miguel. Terminó la función y quedé sorprendida. Vi cosas fantásticas, así que me quedé a la segunda función, y al otro día volví, y al otro, y al otro”, cuenta la artista sobre aquel primer contacto cercano con los títeres.
Fue así como en el 2001 hizo su primer taller de títeres, una actividad en la que desembocan “todas esas cosas que siempre me gustaron y que sentía que estaban como flotando”, según palabras de la artista.
Sabrina hace todos los esfuerzos para contar desde adentro lo que significa para ella este arte que no hace más que dibujarle sonrisas en su relato, y vida a los objetos. “Se trata de esa libertad que tiene el títere. Estudié Bellas Artes varios años, me encantaba, pero sentía que no me terminaba de llenar”, cuenta mirando hacia arriba, como intentando traer a su mente las vivencias que le regalaron los objetos que ella misma creó.
La respuesta
“Los chicos no tienen prejuicios. Su devolución es alucinante”, señala optimista Sabrina Geist. “Acompañan y refuerzan las acciones. Ellos le dan vida también a los objetos”, dice la artista que lleva más de 10 años de esta profesión.
Habiendo cursado los tres años de la Diplomatura en Títeres y Objetos de la Universidad Nacional de San Martín, cree que se puede vivir de los títeres, aunque tiene sus altibajos: “Hay que remarla, como todo, pero no lo dejaría nunca”, dice la artista. Al momento de hablar de prejuicios, la primera reacción que sale de Sabrina es una carcajada: “Así como pasa que se sorprenden por lo que hago, es difícil romper con esa estructura, también hay muchos que lo valoran. Tampoco se trata de agarrar un muñequito, revolearlo y listo”, bromea, mientras cuenta sobre el desafío que genera adaptar una obra de otro medio, sea del teatro o de un libro: “Uno explota la idea original de la obra. La desarma para utilizar el código del títere”, subraya la joven que además ha participado brindando talleres en la Casa de la Cultura de Pilar y en IntegrArte.
“El muñeco, por ejemplo, tiene su propio lenguaje y eso no se puede obviar”, admite sobre lo complejo que es la puesta en marcha de la idea principal de una obra.
No sólo chicos
Si bien los títeres están socialmente vinculados con los más chicos, fueron creados por adultos y para adultos. “El títere nace casi como un subversivo. Un mensajero de lo que no se podía decir en el pueblo”, cuenta Sabrina, de 31 años. “Hay una suerte de confusión. Escuchan que es ‘para adultos’ y el común de la gente cree que se habla de algo prohibido, y sin embargo se tratan temas del mundo adulto, como el amor”, señala la titiritera. “No está la necesidad de tener que bajarlo pedagógicamente a los niños”. Es así como cada año se realiza el festival para adultos organizado por el Centro de Investigación Teatral Latinoamericano (CELCIT).
Una sonrisa en la oscuridad
La artista compartió la historia de un profesor de la Diplomatura de Títeres y Objetos de la Universidad de San Martín. El hombre estuvo detenido algunos años durante la dictadura. Gracias a su trabajo con los títeres, se ganó el respeto de los guardias a cargo y a pesar de la opresión, compartía su arte en los calabozos. “Este es el de los títeres”, era como lo reconocían y diferenciaban. Gracias a sus funciones diarias, logró hacer llevadera la pesadilla de tantos otros detenidos en la oscuridad del Centro de Detención Clandestina.
Siguen los Capazclown
Sabrina además forma parte del elenco de los “Capazclown”, un grupo de clowns que se desempeñan en teatros de la zona de San Martín. “Estamos ensayando ‘Villanos’, el nuevo espectáculo del grupo. Por ahora, tenemos cuatro fechas confirmadas”, contó la titiritera que además se destaca como artista no convencional. “Vamos a hacer ‘Estos son los Capazclown’ en tres de esas fechas”, adelantó. Se trata de una compaginación de las cinco obras que el grupo teatral viene realizando en sus cortos dos años de vida. “En la cuarta vamos a presentar ‘Villanos’”, mencionó Sabrina Geist.
