Indignación porque retiraron un cuadro de Cristo de una capilla

Fue especialmente pintado y donado por la artista Gabriela López Herrero. Pero sin consultar a nadie, fue retirado por un grupo de vecinos que llegan los fines de semana. Piden que sea repuesto. 
 
viernes, 28 de diciembre de 2012 · 00:00

Una imagen de Cristo pintada por la vecina y artista plástica Gabriela López Herrero a fines de 2001, fue desplazada de la capilla de Manzanares para ubicar un altar antiguo donado por un grupo de personas que llegan a la localidad a pasar los fines de semana.

Como una premonición, “Padre perdónalos, no saben lo que hacen”, es el título de una obra que fue creada en un momento particular, en plena crisis económica y social de 2001, para cumplir una función determinada dentro de un espacio pensado: la capilla de Manzanares.

Estas fueron las condiciones de producción que se impregnaron a la pintura que López Herrero creó para la parroquia San Luis Gonzaga. Hoy esa obra debió ser retirada de la capilla debido a que fue reemplazada por un altar ajeno al lugar.

“Yo ya vivía en Manzanares y estaba pasando por una situación muy triste ya que habían fallecido mi padre y mi hermana. Así surgió la idea de pintar cristos”, comentó la reconocida artista que a fines de los 90 se radicó en Manzanares, desde donde han salido obras para museos nacionales e internacionales, como el caso de la galería Heike Duden de Berlín (Alemania) y el American Chamber of comerse de New York (EE.UU.).

“No iba tanto a la capilla. Después de lo que me ocurrió empecé a ir más seguido, y dije: ‘qué bueno sería donar un Cristo para esta capilla donde vivo”, explicó López Herrero a El Diario. A su vez dejó en claro que por aquel entonces el párroco de Pilar, José Ramón de la Villa, había dado el visto bueno, con entusiasmo, por la colocación de la obra.

Luego de su culminación, el cuadro fue bendecido por el obispo Oscar Sarlinga y puesto en el altar bajo la orden del cura Gabriel Micheli, quien también propuso que la pintora realizara los cuadros que forman parte del Vía Crucis que hoy integran los objetos que pertenecen a la capilla.

“La pintura (de unos dos metros de alto), estuvo en el altar hasta hace unos meses, que hubo una donación de un pequeño altar de un campo, de una estancia lejana a este lugar”, relató la artista, mientras recuerda que “antes había estado el padre Hugo Acuña y ya había un grupo que quería sacar el cuadro y poner un altar”.

La pintura fue puesta en forma provisoria a un costado, en una ventana. Pero debido al deterioro que sufre en un lugar con mayor humedad y exposición a la luz solar, la mujer pidió retirar el cuadro. Lo llevó a su casa donde descansa con la esperanza de volver algún día a su lugar.

Cuando López Herrero decidió pintar el Cristo lo hizo pura y exclusivamente para la capilla. Los vecinos ya se habían acostumbrado a que detrás del cura estuviera la imagen de un Cristo crucificado que protegía al lugar. Cuando fue retirado, muchos vecinos se preocuparon y aún lo siguen haciendo, preguntándole a López Herrero las causas de la ausencia. Esta es una pregunta que ni ella puede responder.

Y son los mismos vecinos quienes también cuestionan que el grupo de personas que en apariencia decidió retirar la obra, solo vienen los fines de semana al pueblo y parecen desconocer las cuestiones históricas, sociales y particulares que llevaron a López Herrero a pintar “ese” Cristo para “ese” lugar.

 

 

La frase

“Me dio mucha tristeza, porque lo hice con mucho amor. Fue bendecido y era para que quedara en ese lugar”.

 

 

Perfil
Gabriela López Herrero nació en Buenos Aires en 1961. Su infancia y adolescencia las vivió en Pilar hasta que a los 17 partió a la Ciudad de Buenos Aires a estudiar pintura, tal como lo habían planeado con su madre, quien falleció cuando la artista tenía 15 años. En 1981, con varios años de estudio, viajó a Europa. En París asistió a cursos de la Academia de la Grande Chaumiere, lugar por el que también pasaron artistas como Picasso y Modigliani. Dos años más tarde volvió a Buenos Aires y desde 1997 vive en Manzanares, cuyos edificios ha retratado.

 

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