Ayudan a los más necesitados pero no pueden escapar del delito

sábado, 17 de noviembre de 2012 · 00:00

La Congregación de las Hermanas de Santa Marta funciona sobre la calle Colombia que delimita a los barrios Monterrey y Rivera Villate de Derqui. Las religiosas comenzaron una asistencia social clave ante las muchas carencias en esa zona densamente poblada.

Luego, abrieron la Casa del Niño, y años después el centro sanitario Monseñor Tomás Reggio que, gratuitamente, recibe a unos 4 mil pacientes por mes. La Casa del Niño alimenta a 200 chicos diariamente, más el apoyo escolar, y contención mientras sus padres trabajan.

Los recursos para la comida les llegan, en parte, de Caritas Diocesana y el resto para solventar al personal auxiliar surge de esporádicas subvenciones, más algún que otro festival o kermés. Tampoco faltan las donaciones de pan de algunos comercios derquinos.

Pero, insólitamente, estas seis religiosas hace tiempo que son víctimas de la delincuencia. La Hermana Petronila tiene una lista de hechos. Y el último caso le significó recibir a la Policía Científica en búsqueda de huellas dactilares y otros rastros para intentar dar con quienes robaron un gran parlante y dos bicicletas.

Además, llegaron el titular de la Jefatura Distrital, el comisario inspector Jorge Aguilar, el titular del destacamento Monterrey, subcomisario Sergio Bonín, y a la presidenta del Foro de Seguridad Vecinal de Presidente Derqui, Julia Benítez.

“Sabemos la importancia del trabajo de esa congregación, por eso acudimos enseguida ni bien nos enteramos de los hurtos” dijo Benítez, y agregó “la policía le dio un Nextel a la Hermana Petronila para que se comunique inmediatamente en caso de algún problema”.

A su vez, la misma funcionaria aseguró que el subcomisario Bonín prometió ampliar el recorrido de las patrullas y así llegar más asiduamente al Hogar y Centro de Salud ubicado sobre el fondo de la calle Colombia. Por lo pronto, el domingo las religiosas armaron una kermés para obtener recursos que les permita un mantenimiento del amplio edificio.

Hubo varios números artísticos en toda la jornada y una numerosa respuesta de vecinos que se sintieron resguardados por un móvil policial apostado allí todo el día. “Seguiremos estando atentos, y por eso tengo el celular prendido las 24 horas, espero que las hermanas llamen sea la hora que sea ante la más mínima sospecha o ruidos raros por la noche”.

Quizás, lo peor fue el robo de un tractor pocos años atrás. Con él trabajaban la tierra para cosechar diversas verduras para la cocina. Eso no las amedrentó y entonces armaron una huerta que cosechaban todo el año, y un corralito para pollos. Pero de noche los ladrones cortaban el alambrado perimetral y arrasaban con las verduras, hortalizas, frutos de árboles y animales. Así abandonaron los cultivos y buscaron fondos para levantar un paredón. A principios de año comenzó la obra pero entonces le robaron al constructor un remolque con postes y placas de cemento, y a ellas casi todas las herramientas y el material de construcción de un galpón.

 

Sin gas 

Otra urgencia afín al muro era el constante robo de las garrafas de 45 kilos. El Santa Marta carecía de gas natural hasta mediados del año pasado, y se debía comprar el envasado para cocinar y la calefacción. Así fueron despojadas de 22 tubos grandes en apenas tres años. Luego, están los constantes hurtos. El mes pasado robaron dos bicicletas, y hace 15 días un parlante para los festivales o música para los chicos.

 

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