Quizás esta nota debería haber sido escrita para un 23 de febrero, pero la actualidad nos pone en contacto con el pasado histórico. Nos informan los medios que comenzará a funcionar con el nombre de “Tren de los Pueblos Libres” un servicio ferroviario entre Pilar y Uruguay, pasando por Entre Ríos y llegando a Montevideo. Esto es sumamente positivo pues afianza la hermandad entre dos naciones y puede ser un símbolo de una incipiente reactivación de este sector del transporte. Pero la paradoja histórica tiene mucha relación con la denominación de este tren como así también con Pilar como” Cuna del Federalismo” y cabecera de este recorrido.
José Artigas, prócer del Uruguay, por designio de la historiografía oficial, que quiso y logró alejarlo de nuestra historia como nación. Fue el primero que apoyó incondicionalmente al movimiento revolucionario de 1810 contra el poder realista que resistía en Montevideo.
Cuando se reúne en Buenos Aires la Asamblea del Año XIII, sus representantes fueron rechazados por exigir entre otras cosas la forma de gobierno federal. En 1814, con la existencia del Directorio, los que ocuparon esos cargos, encarnando al centralismo porteño, utilizaron las más arteras maniobras para neutralizar al caudillo oriental, desde declararlo traidor a la patria, pasando por realizarle la oferta de independencia de ese territorio, llegando al colmo de permitir y fomentar la invasión portuguesa a la Banda Oriental, sin importar los costos pagados a cambio de la eliminación del caudillo.
Pero Artigas ya había extendido su influencia y sus ideas a las provincias del litoral como Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, e incluso Córdoba, constituyendo “La Liga de Los Pueblos Libres”, que reconocían su jefatura en contra del centralismo con ideas monárquicas que predominaba en Buenos Aires.
Artigas no envió delegados al Congreso de Tucumán que declaró nuestra independencia, no por estar en contra de ella, sino por considerar a ese congreso bajo la órbita porteña.
A comienzos de 1820, ante la derrota final de Artigas frente a los portugueses que lo obliga a refugiarse en Entre Ríos, ante la aprobación en Bs. As. de la Constitución de 1819, centralista y monárquica; y ante las invasiones porteñas al litoral; el Protector de los Pueblos Libres ordena a López y Ramírez que marchen sobre Bs. As. para exigir la anulación de dicha Constitución. Y ayuda militar para su lucha contra los portugueses. Los caudillos derrotan a las tropas directoriales en la batalla de Cepeda, producen la renuncia del Director Supremo y la disolución del Congreso. Los vencedores acampan en Pilar y hasta allí llega el gobernador de Bs. As., Sarratea. Aquí se firma, el 23 de febrero de 1820, el Tratado del Pilar.
Ahora, si bien es cierto que este tratado es el primero de los pactos preexistentes que menciona el Preámbulo de la Constitución de 1853, y que para la localidad es un motivo de orgullo como “Cuna del Federalismo”, existen acontecimientos que demuestran que en realidad más que la cuna fue la “Tumba del Federalismo” y la continuidad del centralismo porteño.
Como dice el refrán “que no hay peor astilla que la del mismo palo”, la habilidad política y diplomática de Sarratea, logra que Francisco Ramírez durante las conferencias del tratado desconozca la autoridad de Artigas y la existencia de los “Pueblos Libres”.
En el Tratado del Pilar nada se exige a Bs. As. respecto a la ayuda a la Banda Oriental. No se reconoce a la Liga de los Pueblos Libres ni a la jefatura de Artigas, por ello lo firman nuestra provincia, Santa Fe y Entre Ríos; e incluso existió un artículo secreto que determinaba la ayuda militar de Bs. As. a Ramírez pero no para enfrentarse a los portugueses, sino a Artigas. Debido a ello se produce la derrota final de éste y el fracaso del primer gran ensayo republicano y federal, además de favorecer la ocupación luso brasileña de aquel territorio.
Por ello sería conveniente conmemorar dicho tratado, pero no como nos han querido hacer creer muchas veces, haciéndonoslo ver como el acto fundacional de nuestra nacionalidad, sólo para darle lustre a nuestros inexistentes blasones. Ahora desde Pilar saldrá el “Tren de los Pueblos Libres” como símbolo de unidad y hermandad, esperemos que esta vez estemos en el andén opuesto al de 1820.
