La violencia doméstica y la sociedad patriarcal

14 de agosto de 2011 - 00:00

 

por Andrea J. Carpaneto*

 

“Ahí manda tu señora…”

“Ella cumple con sus deberes nutricios, como corresponde…”

Estas frases fueron escuchadas en un lapso de apenas diez minutos, en un programa de radio de alcance nacional. Si las destaco, es porque son un ejemplo de cómo están naturalizados los roles fijos asignados a mujeres y varones.

Los vínculos de pareja reproducen los estereotipos de género femenino y masculino de la sociedad patriarcal. Esto se refiere a los modelos de roles que desempeñan mujeres y varones en las familias y en la sociedad en general. El término patriarcado, refiere a los sistemas de dominación del varón sobre la mujer.

A los/as niños y niñas se los educa para que respondan a lo esperable para cada género (muñecas para las niñas y pelotas de fútbol para los varones). Así es como se van delineando los gustos e inclinaciones de cada género. Luego se esperará de ellos que cada uno juegue los roles,  que corresponden para cada género. A pesar de que hoy las niñas juegan al fútbol, y los varones son chef, ellos/as se encargan de mostrarnos constantemente a los adultos que no importa a lo que les guste jugar, sin perder la diferencia de género que sí existe desde lo biológico. Ellos/as comparten los videojuegos, juegos con autitos, juegan a disfrazarse, comparten más códigos de igualdad que los adultos, sin perder la identificación a su género, el cual se irá definiendo a lo largo de la infancia y adolescencia. La encrucijada se plantea ante los padres (educados, criados en otras épocas) en su preocupación por estos cambios que los niños/as logran naturalmente, y ahí es cuando se intenta imponer nuevamente lo que dicta la sociedad patriarcal. La niña tiene que jugar a cosas de mujeres y el niño a cosas de varones.

Algunas de las ideologías y las creencias en las sociedades patriarcales son: el varón proveedor del hogar, la mujer cuidadora de la familia. A pesar que la situación económica obliga a cambios sustanciales en este aspecto, a pesar de la cantidad de familias monoparentales y mujeres “jefas de hogar”, se continúa reproduciendo el mismo modelo antiguo.

El lenguaje utilizado en la sociedad en general, difundido en los medios audiovisuales y otras fuentes creadoras de conciencia social, sólo dan cuenta de la naturalización de la desigualdad entre los géneros. Reproduce la arraigada formación sobre roles fijos de mujeres y varones dentro del hogar.

Pensar que en una pareja uno manda y el otro obedece, es perpetuar las relaciones desiguales entre mujeres y varones. Las decisiones de pareja deberían ser compartidas y tomadas en conjunto, consensuadas por ambos miembros de la pareja, al igual que los trabajos domésticos, ya que, en la mayoría de las parejas, ambos también trabajan fuera de casa.

Es importante destacar que en algunas familias las tareas son compartidas y los varones realizan las tareas domésticas al igual que las mujeres. Pero hoy esos varones representan una minoría, aunque, de todos modos, es  grato observar que ellos también han aprendido a cuidar de sus hijos/as como lo han hecho con ellos, y como lo hacen las mujeres.

La concientización y visibilización de la inequidad de los géneros es una tarea que demanda décadas de trabajo. La tarea es: profundizar en la igualdad de la pareja. Concientizar en la equidad entre los géneros: la mujer no es propiedad de nadie. Transmitir que la libertad es un derecho de ambos dentro del vínculo relacional. Jerarquizar la independencia de la mujer es tan importante, como la del varón. Aceptar que la vida pública también es para la mujer, no sólo reservada a los varones. El cuidado de los hijos/as puede ser compartido por mujeres y varones. Comprender que, si bien, la mujer aprendió a desempeñar las tareas domésticas el varón también puede realizarlas y colaborar en el cuidado de los niños, sin perder su rol masculino.

Comenzar a educar, capacitar y hablar sobre estos temas nos acerca más al objetivo principal: la prevención de la violencia doméstica y la violencia de género.

 

*Psicóloga- U.B.A. [email protected]

 

 

 

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