Violencia estructural: sus distintas formas, en distintos lugares

domingo, 17 de julio de 2011 · 00:00

 

Por Andrea J. Carpaneto* Fotografía: Elisa Mottini

 

Al referirnos a la violencia hablamos de todas las formas de ejercicio del poder y control en las relaciones interpersonales, donde siempre existe un vínculo desigual, considerando al otro/a inferior.

La violencia de género se refiere a aquella ejercida hacia las mujeres por el sólo hecho de pertenecer al género femenino, y puede ser: violencia física, maltrato psicológico y/o emocional, violencia económica, verbal, abuso sexual, trata de personas, discriminación, femicidios. La violencia hacia la mujer no distingue clases sociales, ni profesiones. Puede suceder en cualquier lugar donde se desempeñe la mujer: hogar, trabajo, instituciones a las que pertenezcan o concurra, en la calle.    

La violencia doméstica o intrafamiliar se refiere a todas las formas de violencia ejercidas en el hogar. Son dirigidas hacia las mujeres, niñas y niños, adolescentes, adultos mayores o personas con capacidades diferentes. La violencia también es hacia el género masculino. De hecho, al hablar de niños y adolescentes, ellos también son víctimas de maltratos físicos, psicológica y/o emocionalmente, además de los abusos sexuales perpetrados hacia ellos.

La violencia hacia los varones existe, es parte de nuestra realidad, sólo que ellos son quienes menos recurren a pedir ayuda ante las situaciones de violencia padecidas por su pareja o ex pareja. Lo cual dificulta saber qué porcentaje de varones son víctimas de violencia.

Al focalizar la atención en la violencia de género femenino, es por ser la que reúne la mayor cantidad de víctimas en este momento. Cada una de estas formas de violencia precisa de un abordaje especial, con características propias para cada grupo de género y etáreo que mencioné.

Llevó muchos años comenzar a visualizar las formas de  violencia ejercidas hacia los grupos más vulnerables. En la Argentina, los avances en maltrato infantil, violencia de género y violencia doméstica son lentos. Se avanza y se retrocede. La existencia de la Ley de Violencia Familiar es un avance, pero la implementación en algunas zonas del país es muy dificultosa, incluso difícil la toma de las denuncias que realizan las mujeres. Hoy coexisten distintas posiciones ideológicas con respecto a estas temáticas en las instituciones asistenciales, judiciales, policiales, organismos municipales que se ocupan de asistir a las víctimas. A pesar de los avances científicos (estadísticas, desarrollos en la temática con sólidos fundamentos teóricos e investigaciones científicas que corroboran las intervenciones de los profesionales de la salud mental), encontramos fallos (difundidos hace unas semanas) en la Justicia argentina que ponen en duda las evaluaciones técnicas realizadas por médicos/as forenses, psiquiatras y psicólogos/as. Se duda si existe una “inducción” de dichos actores profesionales en casos de abuso sexual infantil.

Persiste en algunos ámbitos de la Justicia preconceptos y prejuicios, evidenciando que quienes son los responsables de defender los derechos de los niños/as, mujeres y toda persona que peligre su integridad se ven envueltos en creencias e ideologías, sin basarse en conceptos científicos. Prueba de ésto es el difundido y falso concepto del “Síndrome de Alineación Parental”, creado por Richard Gardner en 1985. Un concepto de moda entre los abogados/as, que lo utilizan en divorcios conflictivos para quitar la tenencia a alguno de los progenitores. Es necesario saber que este síndrome, no existe como tal, nunca tuvo bases investigativas científicas que lo avalen. Este llamado “síndrome” no está aprobado por ninguna asociación de profesionales de la salud, y en Estados Unidos (donde fue creado), ya ha sido descartado y cayó en desuso.

De este modo, en algunos ámbitos de la Justicia muchas veces se juzga y se acusa a los profesionales de la salud que utilizan métodos científicos para realizar sus tareas mientras, por otro lado, se validan conceptos que no poseen ningún fundamento científico.

Esta es otra forma de reacción negativa violenta, en este caso, hacia los profesionales que trabajan en la protección de la infancia. Además, de un nuevo retroceso en la defensa de los derechos de los niños y niñas, y adolescentes, quienes son los que tienen la palabra y el derecho a ser escuchados y defendidos. Creer en sus dichos, no desestimar los relatos, es devolverles la dignidad perdida tras el hecho traumático de ser víctima del abuso sexual infantil.

Pensar sobre ésto y abrir el debate, es una tarea necesaria y urgente.

 

*Psicóloga-U.B.A. andreajcarpaneto@gmail.com

 

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