Cartas de lectores

26 de abril de 2011 - 00:00

 

Joven denuncia abuso de la policía

 

Sr. Director:

El hombre nacerá, crecerá y será prejuzgado al menos mil veces en su vida. El foco del racismo late cada día más fuerte en Argentina. Esto es una realidad, yo no vine a venderle una historia, yo vine a contarles una historia mía y crearles conciencia. Alguna vez usted se ha preguntado por qué el negro discrimina al negro, por qué el blanco discrimina al blanco, por qué el pobre discrimina al pobre o por qué el rico discrimina al rico.

Fuimos creados en igual condición de mundos separados por niveles sociales, clase baja, clase media, clase alta, distribuidos por sectores, villas, casas residenciales y country es. Blancos y negros, lindos y feos, raperos cumbieros y rocanrroleros. El mundo nos enseñó a buscar nuestra manada y excluir a los que a nuestro parecer no son iguales a nosotros.

Mencionemos a los maestros de la discriminación, la TV, la sociedad y el ego. La TV es una herramienta que influye mucho en el razonamiento humano. La TV nos muestra personajes famosos con dinero, lindos ellos, son la sociedad ilustre de Argentina. La TV también muestra a los incomprendidos, los que roban para comer, los que matan para darle peso a su respeto de calle, en su mayoría negritos y de clase pobre. La TV alimenta la desconfianza y la desconfianza alimenta al prejuicio discriminatorio.

La sociedad te tratará de acuerdo a tu nivel social, color o nivel de educación. Según esta sociedad, si no tenés estudios limpiar pisos para vos está bien, ese es tu puesto de trabajo. Alta y baja sociedad señores. La discriminación vive entre nosotros. No la vemos porque fue bien disfrazada para pasar inadvertida.

Dime cuánto dinero tienes y te trataremos mejor, no hay sociedad sin dinero. A causa de su exceso de dinero nacen también nuevos pistoleros. El ego es el corazón de la discriminación, el ojo clínico del ego en 7 segundos te dice quién sos, lo que valés y adónde tendrías que estar por ser pobre, extranjero o negro.

El ego, ya altamente alimentado por la TV, la sociedad prejuzga en primera persona, no importándole si sos inocente o culpable, porque The jefe habla de discriminación.

Resumiré esta historia vivida por quien les habla. El día de ayer (por el domingo), comiendo pizza en la plaza de Pilar, con Coca Cola y mirando el bello paisaje que algunas féminas en vestido de princesa exhibían decidimos volver al local de nombre Pizza Piu. Dirección: Bolívar e Ituzaingó. Pilar centro, por 2 pizzas más comentario fuera de lugar, las pizzas estaban muy saladas, no son las mismas pizzas de hace algunos años atrás.

Volviendo al tema, mis dos amigos ingresaron al local mientras que yo hablaba por teléfono en la puerta del local. En instantes apareció un patovica, me increpó agresivamente. El trato fue bastante malo, prepoteaba cada dos segundos, parecía drogado, una persona fuera de sus cabales.

Llegó la policía, el patovica me acusó de querer boxearlo y robar la pizzería. Para este individuo éramos una súper banda fuertemente armada y muy sofisticada. Éramos los volquetes de Pilar, los pesados estrictamente entrenados para el ilícito y el choreo de inteligencia.

No se dieron cuenta que mi amigo, el negrito, el blanquito y yo, el raperito, sólo queríamos comer más pizza. El prejuicio alimentado de racismo, discriminación, sociedad, TV y ego de aquel patovica y esos dos policías no les permitía mirar que sólo éramos tres tortugas ninja en busca de pizza. Mis amigos y yo esposados como si fuésemos unos súper delincuentes de alto rango fuimos golpeados y maltratados tanto física como sicológicamente.

El racismo y la discriminación, el abuso de autoridad y poder era la herramienta principal de aquellos dos policías. Se mofaban e insultaban, amedrentaban, amenazaban, era un constante ataque sicológico. Mi carácter es fuerte, la injusticia enciende mi enojo fácilmente. Les puse un stop, reclamé mis derechos. Hablé de leyes, presumí de contactos míos en tribunales de San Isidro. Todo con educación para que esos dos corruptos se enteren que no era un pibe cualquiera.

Uno de ellos habló de llegar a un arreglo al enterarse de mi alto conocimiento de leyes. Mi respuesta fue que llamaría a mi abogado. Esto enervó al supuesto policía y volvía al maltrato sicológico. Esa clase en la escuela de policías les enseñan muy bien, maltrato físico y sicológico. Les dije de qué se nos acusa. Robo a mano armada dijo uno, armas no había o este policía estaba drogado o eso era discriminación en un alto grado de pureza.

Nos condujeron a la Comisaría Pilar 1ª. Entre 4 paredes la agresión y el maltrato pasó a mayores. Quieren limpiar el nombre de la policía de Pilar, den el ejemplo señores. Dentro de la comisaría es un buen lugar para abusar de su poder. Ahí adentro sos un gusano sin derechos y ellos son los jefes. Se olvidaron que el poder se usa con responsabilidad.

Nunca vi tanta maldad en un ser humano y esos dos policías me mostraron cómo se maneja la policía de Pilar.  Ya detenidos e incomunicados se mofaban comiendo pizza, la misma pizza que pagamos antes de que nos acusen de supuestos ladrones. Seis horas enteras detenido por una supuesto tentativa de robo. Cero pruebas o denuncias o historial de delincuencia. A las 6 horas nos dejaron ir con el cargo de detenidos por disturbios en la vía pública por estar alcoholizados y drogados?

Señores, esa es la justicia de mi país. Les presento el trabajo de la policía de Pilar. Se metieron con el hombre equivocado. Jesucristo, mi abogado, ya inicio acciones correctivas y disciplinarias para los involucrados en este problema. Justicia divina The jefe tras las rejas. Hombre no tenés más poder del que se te ha dado en la tierra. La verdadera justicia llega del cielo. Difundan noticias pero también difundan conciencia. Para desmantelar la inseguridad empecemos por desmantelar a los malos policías.

 

Pablo César Fajardo Ochoa [email protected]

 

 

 

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar