ver más

Opinión: Revinculación ¿Es posible en todos los casos?

17 de abril de 2011 - 00:00

 

por Lic. Andrea J. Carpaneto* andreajcarpaneto@gmail.com

 

Las causas de niños que ingresan en los Tribunales de Menores, Direcciones de Niñez, Adolescencia y Familia, Juzgado Penal y otras entidades que se ocupan de los derechos de los niños de la Capital Federal, han aumentado.

Estas causas se encuentran caratuladas de varias maneras: abuso sexual infantil (intrafamiliar o extrafamiliar), maltrato físico/psíquico/emocional, negligencia, abandono, explotación laboral, prostitución infantil, y otras formas de maltrato hacia los niños, que no es necesario mencionar con motivo del tema que deseo desarrollar.

Como indica la ley, los niños son sujetos de derecho, es decir, tienen derechos propios y los adultos tienen que implementar todos los medios para garantizar que se cumplan. Uno de ellos es el derecho a mantener el contacto con ambos progenitores.

¿Qué sucede cuando los chicos manifiestan que no quieren ver a uno de sus progenitores o a ambos? Los niños, en condiciones madurativas para hacerlo, hablan, se manifiestan, incluso los más pequeños, aunque no sea por medio de la palabra, refieren que algo no anda bien, que algo les está pasando. Ellos se mostrarán reticentes al contacto con el victimario. No querrán quedarse solos con él/ella. Manifestarán tristeza, llanto incontrolado, de alguna forma intentarán ser escuchados en casos donde los daños hacia ellos son graves.

Cuando se trata de Abuso Sexual Infantil intrafamiliar donde el niño puede hablar, y referirse a quién es su victimario, el supuesto abusador puede ser una persona conviviente con el niño, puede ser un progenitor o la pareja de alguno ellos, un hermano, tío, abuelo, etc.

En estos casos el niño que habla se refiere al supuesto abusador. Si es escuchado se iniciarán las acciones judiciales correspondientes. Se denunciará ante la Justicia Penal donde investigará para determinar la responsabilidad de los hechos relatados por el niño. Pasando el sospechado a ser culpable, si así determinara el proceso judicial correspondiente.

Durante el período en que es “supuesto sospechoso del abuso”, la Justicia, a pedido de la parte acusada, solicita la revinculación con el niño. Claro está, respondiendo al derecho del progenitor a mantener contacto con ambos padres.

La revinculación posibilita restablecer el vínculo entre progenitores y niños, luego de un período que por medidas judiciales cautelares mediante, se ha prohibido el contacto.

Si bien es preciso defender los derechos de todos (adultos y niños), los más desprotegidos y vulnerables son los niños, ya que en función de que los adultos “tienen el saber” se decide sobre qué es lo mejor para ellos. Según refiere la ley, los adultos deciden sobre el “interés superior de ellos”.

Pero cuando lo que se investiga es si el progenitor es o no culpable del Abuso Sexual de su hijo, la situación es muy distinta para el niño. Se comprueba que ellos cambian su comportamiento cuando el victimario se aleja del círculo cercano. El niño se siente relajado, distendido y va recuperando la sonrisa, las ganas de jugar, es decir, se siente protegido. De modo contrario, cuando el contacto sigue, el niño está apático, callado, preocupado, alerta y sin sonreír.

¿Qué sucede cuando ese vínculo es perjudicial para el niño? Perjudicial es cualquier acción que impida el pleno desarrollo integral de la salud (bio-psico-social) el bienestar emocional: la educación, la libre expresión de ideas, el respeto por su intimidad, el respeto por su sexualidad, el derecho a la recreación, al disfrute, al esparcimiento, al jugar.

Perjudicial para un niño es el abuso sexual, ya que altera toda su capacidad para tramitarlos, produciendo daños psíquicos para toda la vida.

Entonces, ¿por qué a los niños se les impone la revinculación con un padre o madre que es sospechado de violar sus derechos?

Ese progenitor avasalló la integridad física y psíquica de ese niño, lo arrancó de la niñez, impidiéndole seguir siendo un niño. Le quitó todos los derechos al disfrute, a la libre expresión, se lo dejó silenciado y enmudecido por el horror de haber sido y ser víctima de un abuso y revictimizado por no ser protegido.

Cuando hablamos de una sospecha de abuso sexual infantil intrafamiliar, las cosas cambian radicalmente. El daño psíquico será profundo, el niño sólo querrá que nunca más vuelva a suceder. Quedará en el criterio de cada agente de la Justicia insistir en la revinculación, antes de finalizado el proceso judicial penal, que comienza con un sospechado de abuso sexual infantil agravado por el vínculo.

A pesar de los derechos de los padres, creo, están los derechos de los niños que sólo podrán ser oídos a través de quien tiene el poder para decidir su futuro, y es el juez a cargo de la causa. Por medio de la Justicia, es la única alternativa que le queda al niño para empezar a sentir que su palabra vale, para dejar de ser una víctima y que sea posible comenzar la recuperación de la situación traumática vivida.

 

*Psicóloga

 

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar