Tribuna del lector: ¿Todo para todos? (y todas)

por Víctor Ejgiel
miércoles, 2 de noviembre de 2011 · 00:00

 

 

Hace unos días se anunció por distintos panfletos, la llegada del famoso camión denominado “carne para todos” a un barrio de este querido Pilar, donde se quedaría sólo un día, o parte de él, como para que todo aquel interesado se acercara a comprar los productos ofrecidos.

Lógicamente, o tal vez no tanto, el camión llegó con una demora que ocasionó que el orden vecinal modificara los turnos de la cola para convertirse en una imagen que se asemejaba más a la entrega de algún mísero alimento en esos desdichados países africanos, donde llega a él sólo el más fuerte o hábil para alcanzar el lugar más cercano.

Y esto, por supuesto, no puede más que hacernos reflexionar sobre los famosos anuncios previos a la campaña que depositó a nuestra Presidente en la posibilidad de gobernar este país por otros cuatro años.

Si el famoso índice de precios al consumidor, ese que dice cuánto aumentan las cosas, se mide en base a los precios de estos camiones -ya sabemos todos que no son parte de la cadena lógica de funcionamiento por el cual el producto llega a la carnicería del barrio, sino que son productos subsidiados que sólo están al alcance de los vecinos del Mercado Central o de la suerte que lleve dicho camión a la zona de su casa- creo que le estamos errando a las cuentas. Todos los anuncios del eslogan “para todos” ¿Dónde están? Si sólo dependen de la llegada de uno o dos camiones que recorren la Provincia de Buenos Aires, creo que el “todos” es tan limitado como la posibilidad de llevar a cabo estos emprendimientos.

Cuando se echa la culpa al comerciante o productor por el precio de lo que produce, nunca se tiene en cuenta que quien produce en nuestro país en primera instancia está haciendo una inversión propia, lógicamente con un beneficio (acaso alguien invertiría sin rentabilidad), y que ese productor paga una serie de impuestos por dicha producción, por el uso de espacios, por cada empleado, por la publicidad, por el transporte, por la supervisión, por el control y tantos otros ítems que ese mismo Estado se encargó de grabar y que sirven para mantener un montón de paquetes estatales tan obsoletos, corruptos como inútiles.

Si se eliminara parte de esos impuestos algunos tan ilógicos como su propio nombre, seguramente los productos podrían llegar a todos los hogares a precios más módicos y no sólo a algunos. Y como ese paquete estatal que hay que mantener en base a los bolsillos de los que pagamos los impuestos (que no somos todos), es cada vez mayor, porque seamos sinceros, si la economía crece tanto como se informa, si la desocupación disminuye tanto como Guillermo Moreno dice, ¿Por qué sigue pagándose la misma cantidad de planes sociales? ¿por qué existe la necesidad de crear más? Algo o alguien está mintiendo.

La verdadera ayuda que el Estado debe hacer no consiste en algún plan que le permita al desocupado vivir, el Estado debe fundamentalmente generar la posibilidad de trabajo y eso se logra no cargando la posibilidad de ofrecerlo sino disminuyendo los impuestos a quienes lo den, de esa manera podríamos cambiar planes por trabajo. Aunque ya queda claro que el trabajo no es la alegría de “todos”.

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