Tribuna del lector: La democracia también crea dictadores

por Víctor Ejgiel
sábado, 22 de octubre de 2011 · 00:00

 

 

La historia de los países nos ha demostrado desde siempre que a veces la, tal vez, mejor opción de gobierno que puede ser una democracia, es capaz de formar desde las bases y en la desmesura de la aceptación, dictadores con la misma crueldad y poder de decisión que aquellos que llegan al mismo lugar sin la opción de la elección.

Y nuestro país no es ajeno a esta fatalidad. La historia no tan lejana nos planteó desde la mayoría absoluta en el mismísimo lugar desde donde deberían proveerse los debates de opinión, desde donde las distintas voces del pueblo deberían plantear una decisión consensuada, cómo un presidente electo ordenó desde su única opción mental la venta de armamento a países latinoamericanos, el llamado a una reforma “deforma” de la Constitución Nacional, que encima la Justicia no tan independiente, se encargó de legalizar.

No debemos olvidar jamás, así como reclamamos la memoria de otras épocas, que aquello que se tejió y se llevó a cabo -hoy comprobado- en nuestro país, fue gracias a la mayoría de apoyo que recibió este presidente de la mano del voto popular. Incluido el generado en cada provincia de muchos quienes hoy ostentan poder o lo tienen, que esa posibilidad de provocar el debate y la medida que impida la desmesura fue anulada desde el sobre que cada uno de nosotros puso en esa urna que como hoy vuelve a marcar mayorías.

El pilar de la democracia está generado en la imposibilidad del poder absoluto, en la necesidad de consensuar, lógicamente desde la sinceridad, cada medida a llevar a cabo, y eso se logra únicamente provocando el debate en cada cámara legislativa y no legalizando la simple levantada de mano apoyada en el giro de fondos que sigan manteniendo ese palito estructural de los gobiernos dependientes.

Sin debate, sin multiplicidad de opiniones no hay democracia. Hitler también llegó al poder desde la democracia. Pensemos y recordemos, usemos la memoria fundamentalmente para recordar todo aquello que nos enseñaron sobre la posibilidad de discernir y de ser escuchado, de fundamentar nuestra opinión para que sea tomada en cuenta y no para que sea negada porque no hace falta.

Nadie tiene la verdad absoluta, todos podemos tener buenas intenciones que no quiere decir que sean soluciones posibles. Sólo del disenso se obtienen las verdaderas soluciones, desde la diferenciación de las opiniones se podrá extraer una conclusión que aceptemos todos. Hagamos memoria.

 

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