Tribuna del lector: El tren de los pueblos libres

por Luis Deza

20 de octubre de 2011 - 00:00

 

He viajado en el tren que chocó un auto en Concordia. La formación partió de Pilar el viernes 7 de octubre a las 8,20. En el momento en que se puso en marcha la dupla, estallaron los vítores y aplausos de los sesenta pasajeros que participábamos de este viaje, entre la estridencia de la bocina del coche motor.

Compartimos de este viaje doce compañeros jubilados docentes del SUTEBA, familiares y amigos. Durante la travesía charlábamos, tomábamos mate y observábamos el paisaje.

En un momento del recorrido, Franco, el joven guarda, nieto de colonos rusos que poblaron Entre Ríos junto al supervisor de TBA, Daniel, revisaban el listado de viajeros. Frente a nuestros compañeros estaban sentadas cuatro hermanas que viajaban al Uruguay. Franco y Daniel verificaban los datos del pasaje. Una de las hermanas dice como fecha de nacimiento el 17 de octubre del 45, entonces en el vagón entonamos la marcha peronista.

La compañera ofuscada, quería cambiar su fecha de nacimiento, dado que era radical, por lo que decidimos entonar adelante radicales.

Las correligionarias se lamentaban de no haber traído comida para el viaje. Fue entonces que las compañeras Angélica y Noemí creyeron conveniente compartir el matambre y el pollo que habían cocinado el día anterior. Dados estos hechos, la gente de TBA, Franco y Daniel, comenzó a repartir sándwiches triples, gaseosas y alfajores. Entre los pasajeros charlé con un matrimonio de periodistas ferroviarios que iban hasta Paso de los Toros. Otra pareja que viajaba a Concordia con su hija treintañera, un hombre, su mujer y su hija que bajaron en San Salvador a visitar a unos parientes entrerrianos. Una pareja de una panza verde y un europeo que se quedaron en un cruce vial de Villaguay.

Ana, una médica pediatra de La Matanza; José, un pintor que votó al PO en las primarias y que tratamos de convencer que vote a Cristina como su hijo. Un cantor de tango con el cual Néstor evocó a Gardel y entonó varias melodías. Con la scout Alicia cantamos al compás de un cántico marcial…

“El Uruguay no es un río….”, “han comenzado las cosechas…”, “doce cascabeles…” la cantamos con Osvaldo, mientras la nostálgica Mercedes saludaba por la ventanilla a los asombrados transeúntes de las distintas poblaciones que atravesaba el tren.

Tonio, Lilia y su hija Paula tomaban fotos para registrar esta tercera travesía del tren a Uruguay.

Alicia Beatriz, Mirta y Angélica, jugaban a las cartas.

Noemí, mientras tanto, trataba de recordar el himno a Artigas.

En esta oportunidad conducían el coche motor dos compañeros de la unión ferroviaria, admiradores de Cristina, Nicolás y Leandro, quienes nos dejaban mirar el paisaje desde la cabina de conducción. Además de Daniel y Franco completaba el equipo de TBA, Pablo, el mecánico de a bordo, que revisó los frenos de la formación antes de abordar el puente de Zárate-Brazo Largo.

Se encontraba entre el pasaje Francisco, una persona que auditaba el viaje e iba tomando nota de las vicisitudes acaecidas durante la travesía ferroviaria al Uruguay para informar al organismo ferroviario del Estado Argentino.

Entre el proceso del 76 y Menem terminaron de destruir el sistema ferroviario argentino, por lo que saludamos la iniciativa de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de reactivar nuevamente ramales.

Respecto al accidente, en Entre Ríos, y fundamentalmente en Concordia, bajó la mitad de los viajeros. El coche motor partió de la Estación Concordia alrededor de las 7 PM, iba tocando su estridente bocina en forma continua hasta que en uno de los tantos pasos a nivel, un taxi lo choca. Yo vi. al auto girar sobre su eje. Según los testimonios, el muchacho que manejaba el Duna iba con los vidrios levantados, empañados por la humedad producto de muchos días de lluvia. Me imagino con el estéreo encendido y quizás hablando por teléfono, y sin prestar atención al cruce por donde no suele pasar ningún tren.

Aparentemente el hombre que manejaba al ver el coche motor quiso poner marcha atrás pero, preso de los nervios propios del asombro, ejecutó primera. Por suerte, para su integridad física, no hubo que lamentar ningún daño físico.

En esta ocasión la policía de Entre Ríos iba con un móvil cortando el tránsito vehicular en cada paso a nivel, en este último caso, el tren le ganó al móvil policial y se produjo este accidente.

Creo que la gente no está acostumbrada a la circulación de trenes en ese ramal, e irá tomando conciencia. De hecho, durante el regreso había en Concordia un móvil policial en cada paso a nivel, y en Pilar, estaban colocando barreras en el cruce a Manzanares.

Seamos dueños, los argentinos, de la fama de imprudentes que tenemos en la vía pública, tanto conductores como transeúntes, y no dejemos que se empañe este trascendental e histórico acontecimiento por este hecho aislado; en alusión a recientes publicaciones de algunos medios que pretenden socavar el logro de ambos gobiernos al devolvernos este medio de transporte.

 

Por fin se dieron la mano el Uruguay y la Argentina. Todo marcha entre rieles, entre el Pepe y la Cristina.

 

 

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