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Un pilarense a bordo de una travesía inolvidable

En camioneta viajó junto a su mujer y su pequeña hija desde Vancouver hasta Pilar, durante cinco meses. Tras una década de vivir en el exterior regresó para quedarse.
2 de enero de 2011 - 00:00

 

Postal de vieje. Federico Burgueño junto a su mujer Megan y la pequeña hija de ambos, Lola.

 

 

 

Más de cuatro meses transcurrieron desde que Federico Burgueño puso un pie en el acelerador de su jeep en la ciudad canadiense de Vancouver hasta que, finalmente, cruzó la línea de llegada en su Pilar natal. Él, junto a su mujer y su hija, se embarcó en una travesía a lo largo de todo el continente, y hoy alienta a que sigan su ejemplo repitiendo que “los límites los pone uno”.

Fue exactamente el último 4 de agosto el día en que los Burgueño dieron el primer paso de esa aventura con nombre de viaje, que tuvo como destino final nuestro distrito. El mismo en el que Federico nació, creció y vivió hasta hace una década.

Con 41 años, el pilarense y su esposa canadiense Megan recorrieron más de 20 mil kilómetros a bordo de un jeep Liberty. Aunque el matrimonio ya tenía experiencia en este tipo de aventuras, en este caso contaron un con condimento por demás especial, dado que se sumó su hija Lola de apenas un año y siete meses.

“Mi sueño desde chico era hacer Pilar - Alaska en moto, ahora hicimos algo parecido desde allá para acá en un vehículo”, afirmó Federico en una charla con El Diario.

La llegada a destino se produjo hace días atrás, casi cinco meses después de la partida. “Desde chico siempre tuve esa inquietud de ir de mochilero”, señaló y admitió que “una vez que empezás a viajar es como un bichito que te pica y no parás más”.

Así fue como en el 2000 se radicó en Miami en busca de “nuevos horizontes”. Allí trabajó en barcos y yates como maquinista naval y concretó el modo de vida con el que soñaba desde la adolescencia. Gracias a su ocupación “conocí el Caribe, las Bahamas, y distintos puertos del Atlántico, además de España, Grecia, Bélgica y Alemania”, recordó. Del mismo modo conoció a Megan, en un yate hace cinco años.

La primera travesía juntos fue un viaje desde Miami hasta Vancouver en auto. Más tarde llegó un viaje por todas las costas del Atlántico desde el mar Caribe hasta Canadá, hasta que, embarazo mediante, plantaron bandera por un año y medio en suelo canadiense.

“Mi mujer me acompaña, -destacó- ella vivió en Japón y mi hija desde los tres meses que está viajando, ahora tiene un año y siete meses y el pasaporte está casi completo. Es parte de nuestra vida”.

 

Largo camino a casa

El más reciente no se trata de un arribo cualquiera para el matrimonio trotamundos sino que, al menos por el momento, tiene carácter definitivo. “La idea es quedarnos acá, tenemos unos cuántos proyectos”, explicó Federico.

Fue por eso que antes de partir “hicimos una venta de garage y vendimos todo lo que teníamos, muebles, vehículos, y nos largamos”.

A bordo del jeep cruzaron países como Estados Unidos, México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Panamá, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y finalmente la Argentina.

“He encontrado gente maravillosa en un montón de países, gente que te brinda su casa”, remarcó Burgueño, mientras reconoció que “hay gente que cree que es una locura pero la mayoría de los que hablan no sabe lo que está diciendo”.

Así, aseguró que “hay gente que viaja en bicicleta, lo importante es la inquietud de hacerlo”.  “Los limites los pone uno –añadió- no necesitás un millón de dólares, también lo podés hacer a dedo y vendiendo artesanías por la calle”.

Aunque hoy las recuerda con gracia, admitió que en el último viaje vivió ciertas situaciones de tensión, sobre todo en países como Nicaragua y El Salvador, donde “hay una violencia bastante importante”.

Además de la corrupción policial, contó que “todas las casas tienen alambres de púas, rejas, todos tienen un tipo con un arma porque es muy fácil conseguir armamento”. También recordó la poca hospitalidad de algunos pueblos bolivianos, en contraste con lo que encontraron en el país cafetero.

Derribando prejuicios, aseguró que “Colombia fue uno de los mejores países, súper seguro, la gente muy buena, en Cartagena estuvimos casi tres semanas y la mejor onda con todo el mundo”.

A la hora de compartir una anécdota, rememoró un episodio en Guatemala, cuando abordaron una ruta de tierra en la montaña, tan angosta como el vehículo. “El camino –contó- se hacía cada vez más empinado, era tan angosto que no podíamos dar la vuelta, había ángulos de 45 grados y precipicios de 400 metros, nos mirábamos con Megan y no sabíamos qué hacer”.

Al igual que el resto del viaje, la historia tuvo un final feliz. Hoy, de regreso en Pilar aseguró que “todavía no nos damos cuenta de que se terminó el viaje”, pero afirmó que “si la Argentina me lo permite me voy a quedar pero está muy en uno, si vos querés podés, lo que sea, el viaje, salir adelante, siempre va a haber obstáculos pero si le ponés onda, se puede lograr”.

 

 

Sumario de viaje

 

20 mil kilómetros
1 Jeep Liberty
1 familia
15 países
4 meses y medio de viaje

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