Un huésped fantasmal recorre el Hospital Sanguinetti

Le dicen “La llorona”, y es una joven mujer que habría muerto durante un parto. Los hechos inexplicables se repiten en oficinas, quirófano y sala de partos del nosocomio de Pilar.

15 de enero de 2011 - 00:00

 

 

Las historias de fantasmas en diversos lugares e instituciones de Pilar han ido desempolvándose una a una en los últimos tiempos, y uno de los lugares aún no explorados había sido el Hospital Juan C. Sanguinetti. Los empleados en el edificio de la calle Víctor Vergani hablan del fantasma de una mujer y de otros fenómenos paranormales.

Dicen quienes desde hace años prestan sus servicios allí, que la aparecida habría muerto durante un parto, junto a su bebé, dejando huérfanos a sus otros hijos pequeños. Quienes trabajan en el lugar le han puesto “La llorona”, quizás por su similitud con la típica leyenda de origen mexicano, de la mujer que deambula sollozando, preguntándose “¿Dónde están mis hijos?”.

Durante los momentos de menor afluencia de público, en los pasillos del Sanguinetti siquiera mencionar a “La llorona” provoca escozor.

Pero eso no es lo único que sucede: “Yo entré a trabajar en el 2008 e inmediatamente empecé a escuchar historias de fantasmas –relata una mujer a El Diario-. Dicen que a veces se escuchan pasos en la escalera y no hay nadie. Además, un señor de mantenimiento que subió al primer piso sintió pasos atrás suyo, y cuando se dio vuelta no había nadie… Empezó a correr, pero le dio vergüenza que lo vieran así y se frenó, pero sintió como un soplido en la oreja, ahí volvió a correr”.

Precisamente, hechos relacionados con la misteriosa mujer se puntualizan en el primer piso, al final de una escalera, en la zona de la dirección y otras oficinas. Aparentemente,  antes había allí habitaciones de parturientas, por eso habría estado internada en esa zona antes de parir y perder la vida.

“En el hospital la han visto –comenta una trabajadora del área de administración-. Hablé con una mucama y dijo que la ven a la tardecita o muy temprano. Una de las mucamas me contó que en la zona de la farmacia o el depósito, alguien prende la radio, estando todo cerrado, o bien que suena el teléfono y ella escucha como que alguien levantara el tubo y cortara, pero no la vio”.

Quien sí pudo ver cara a cara a “La llorona” fue un ex empleado de limpieza. Una compañera del hombre recordó que “recién se había hecho de noche. Terminó de baldear todo el piso de arriba, limpió bien la escalera, empezó a secar y miró para arriba: en el otro extremo de la escalera estaba una mujer joven, rubia y muy bonita, que estaba como suspendida en el aire, ya que sus pies no tocaban el piso”.

Por consecuencia del inesperado encuentro, el empleado nunca más volvió a subir al primer piso. “Estaba aterrorizado. Salió corriendo y recién después de un rato pudo contar lo que había visto”, comentaron. Al poco tiempo, el hombre se fue del hospital y hoy trabaja en un comercio ubicado a apenas una cuadra.

Hechos como ése explican por qué los empleados de mantenimiento del Sanguinetti nunca suben solos, haciéndolo siempre de a dos. De la misma manera, en el área de personal también son reacios a subir en soledad.

 

Otros rincones

Sin embargo, el primer piso no es el único lugar en el que suceden hechos difíciles de explicar. “Antes, el quirófano y la sala de partos estaban ubicados uno al lado del otro”, aseguró una empleada, agregando que “a la tardecita comienzan a suceder cosas raras en el quirófano: por ejemplo, se abren las puertas vaivén -en un lugar donde no hay corrientes de aire- o se caen al piso cajas de cirugía, algo imposible si alguien no las tira. Además, en la sala de partos la silla se daba vuelta. Esas son cosas que ve la gente de limpieza, al final del día”.

Además, un caso ocurrido hace seis o siete años atrás aún pone la piel de gallina a aquellos testigos que lo recuerdan y cuentan: “Un niño de 12 años ingresó apuñalado porque le quisieron robar las zapatillas. Al llegar le quitaron la ropa y lo mandaron al quirófano directo, y a pesar de los intentos no lo pudieron salvar, por lo que el chiquito murió. Cuando lo fueron a retirar, notaron que entre su espalda y la cama había un angelito de madera que decía ‘Paz’… Es inexplicable cómo llegó ahí, más siendo de madera. Llamó mucho la atención y pensaron que estaba relacionado con la mujer fantasmal, preocupada por el chico como por sus propios hijos”. 

 

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