Nos van a seguir matando
Sr. Director:
Empiezo describiendo el final para que quede claro a lo que voy. Las de abajo son varias de las razones incontrastables de lo que afirmo.
La sospecha de que algo andaba mal en este asunto de los foros, de los reclamos tipo Bloomberg, o las marchas que se realizan en infinidad de pueblos y ciudades, a raíz de la muerte de algún inocente como consecuencia del delito, repito, algo anda mal, si los políticos de toda categoría, oficialistas, funcionarios, legisladores, podían compartir el reclamo como cualquier “hijo de vecino”, como si fueran uno más de nosotros.
Ellos saben, como todos nosotros lo intuimos, que no se puede tener un policía a nuestro lado las 24 horas para que se nos asegure, más o menos, que no nos roben, nos violen, nos maltraten, o nos maten, porque sí nomás.
Todos afirmamos que no es sólo policial el problema.
Entonces, si todos lo sabemos, ¿Cuál es la propuesta para que esto continúe?
¿Que habría que hacer? No hablemos de la cuestión social porque es, hoy por hoy, tirar la pelota fuera de la cancha, o esperar que la Argentina termine con la deuda externa, pura utopía, o con los pobres, una utopía mayor.
Aquí van algunas propuestas que deberían ser bandera de lucha de todas estas organizaciones. Luego veremos que estos personajes no se unirían a estas marchas con tanta facilidad, a llorar con nosotros, actuales o futuras víctimas.
Los Menores. A la cuestión de los menores delincuentes la única respuesta es que se cree el fuero penal que permita al menor defenderse y si es hallado culpable se lo envíe a institutos de reeducación, rehabilitación y re formación moral e intelectual. Estos institutos deben formarse ya.
Por la cantidad de menores en estado de delincuencia, o en estado de abandono que hay sólo en la Provincia de Buenos Aires y si la cantidad máxima recomendable es de no más de ciento cincuenta por hogar, un cálculo no muy certero hablaría de casi mil o 1.200 hogares.
Estos institutos no serán de castigo sino de protección y reeducación, por lo tanto deben estar provistos de psicólogos, pedagogos y maestros, con la colaboración de todo tipo de acompañantes y terapeutas. En su última etapa hasta podrían alojarse en hogares sustitutos para mayor control en su estado de libertad.
La droga. Es obvio que la cantidad de adictos a diferentes drogas es cada vez más grande en números y cada vez más baja la calidad de lo que consumen. Que los adictos cometen todo tipo de crímenes para proveerse de ellas es lugar común. ¿Entonces qué hay que hacer? Sanatear que se va ha combatir su venta y distribución es otra utopía. Hay que continuar con esa lucha y mejorar la técnica de combate, esta claro. ¿Y qué hacemos con los adictos que salen a la calle y nos matan por una zapatilla? ¿Alguien cree que la fórmula es uno o dos terapeutas por municipio atendiendo en horario de oficina a los chicos que se presentas solos a ver cómo se curan?
Hay que fundar cientos de centros de atención, granjas de internación o institutos de recuperación. En Pilar solamente harían falta más de veinte.
La tarea es ir a los lugares donde los adictos se reúnen y llevarlos a los Centros de Recuperación, según la edad, enseñarles un oficio si no lo tienen y una vez dado de alta, hacer un seguimiento en su estado de libertad, dándole un trabajo digno y bien remunerado.
El seguimiento no es que vayan a una oficina a que le sellen un papelito, digo seguirlo y acompañarlo, para saber qué hace, dónde está, y cómo emprende su nueva vida, que necesita. Si reincide en la droga, adentro de nuevo.
Cada adicto suelto y descontrolado es potencialmente un asesino. Lo sabe cualquiera.
Los presos liberados o reincidentes. Es un secreto por todos conocido que los presos “salen peor de lo que entran”. Un simple análisis numérico nos dice que cada día hay en la calle o libre, más delincuentes, pues se van agregando a los que se generan por los chicos abandonados, los adictos, y los defectos naturales de cualquier sociedad.
Hemos llegado al colmo que las reglas internas de los presidios las dictan los presos, que reinan los más pesados, que sus custodios los drogan para que estén tranquilos, etc.
El fin de los tiempos marcará que los presos elegirán al director del penal.
Es obvio que eso debe cambiar y el cambio debe estar en consonancia con los dichos de la Constitución, de que “la cárcel es para resocialización del delincuente y no para su castigo”.
La humanidad tardó casi 5.000 años en terminar con la ley del “ojo por ojo y diente por diente” Entonces ¿qué hay que hacer? Muy sencillo. Refundar rápido un nuevo sistema carcelario, con nuevos edificios aptos, donde los delincuentes encuentren un nuevo futuro. Que estudien, trabajen, se reformen, sean contenidos cuando obtengan su libertad. Que no salgan como parias y no tengan más caminos que volver a delinquir y matarnos por una campera.
Hacen falta miles de profesionales con experiencia que formen nuevos servicios penitenciarios. Evitar la corrupción interna como la explotación externa del preso. Es fácil pensar que como resultado de la fundación de nuevas cárceles y nuevos sistemas reeducativos obtendremos como consecuencia menos proporción de reincidentes.
Estos puntos son los mínimos para comenzar a detener esta masacre de gente inocente. La clase media y media baja es la que más sufre el delito por la sencilla razón que comparte el territorio de acción con los delincuentes. Los ricos se protegen en barrios cerrados, pueden sostener sistemas de vigilancia cada día mas sofisticados, en fin, no lo sufren tanto como nosotros que tenemos a los posibles asesinos involuntarios reunidos en la esquina, tomando unas cervezas o fumándose un paco o un porro.
Esta cuestión debe ser encarada como una cuestión parecida a un tsunami nacional. Abarca a todos los estamentos del Estado y a todos los niveles de responsabilidad. Una solución de este tipo y magnitud, la Argentina, nunca la ha encarado.
Lo más triste de este análisis es que no veo voluntad política de hacerlo.
La solución primaria a este problema de la seguridad implica un enorme presupuesto. Gastar varios miles de millones de pesos y con pocos márgenes para el reintegro. Salvo las construcciones de los edificios el resto es todo gasto de personal especializado.
Esto que he expuesto no es novedad para nadie que esté un poco en el tema seguridad. Todos lo saben pero no están dispuestos a pagarlo. Todos esconden las respuestas con muchísima mala fe.
Sépanlo, la clase política ha decidido que nos sigan matando día a día, antes de entrar en semejante gasto.
Rodolfo Sant Angelo
Agradecimientos
Sr. Director:
El día 3 de abril de 2010, se llevó a cabo la presentación e inauguración del Centro de Día para chicos con capacidades diferentes “San Agustín”, ubicado en calle Vélez Sarfield y Mendoza del Partido del Pilar.
Un lugar soñado desde hace muchos años por quien escribe y gracias a la Federación Don José de San Martín este sueño se ha hecho una realidad.
Quiero agradecer muy especialmente a nuestra amiga y madrina del centro la Sra. Luisa Albinoni que nos acompaña en este proyecto, también a la Municipalidad del Pilar, al Sr. Intendente Dr. Humberto Zúccaro y a sus funcionarios que siempre que me he acercado para plantearle alguna inquietud han tenido buena predisposición como en este caso haber mejorado el acceso a dicho predio y brindado todo su apoyo en forma incondicional.
Al Sr. Luis Kaisa por haberme facilitado el escenario, a la señora Betty de Moyano quien colaboró con sillas y mesas, parrilla “Don Augusto” donó golosinas para los niños, panadería “La Espiga de Oro” y mucha gente anónima que ha puesto su granito de arena para que este emprendimiento siga adelante. A todos muchas gracias.
Jorge R. Silva.
