por Diego Schejtman
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La letra con sangra entra. Frase atroz de pedagogías arcaicas. O no tanto.
El cachetazo electoral que recibió en las PASO parece haber sacudido algunas de las ideas fundamentales del gobierno de Nicolás Ducoté. Paradigmas de hierro que se derritieron como el hielo en un día de verano al sol.
La decisión del gobierno de desistir del crédito de $600 millones es uno de los ejemplos más palmarios. El endeudamiento, que hace un año era presentado como la panacea financiera que permitiría sacar a Pilar del atraso de décadas en materia de asfalto, es ahora una herramienta maldita, congelada por la incertidumbre de los mercados y de las urnas.
Sin decirlo, el gobierno le termina dando la razón a los opositores que, desde el principio, plantearon que la sola idea de tomar un crédito a 15 años, cuyo capital se actualizara en UVA más 8% de interés, equivalía a hipotecar a las futuras administraciones.
Atrás quedaron intensos debates en los medios, el Concejo Deliberante y hasta en la Justicia. Atrás también los argumentos de que el endeudamiento era la única herramienta disponible. Y atrás, incluso, las contorsiones de concejales opositores que votaron con el gobierno. Algunos por vocación oficialista que desnudaron más tarde dando el salto definitivo y otros por intereses nunca aclarados.
No fue el único cambio post PASO. Con el mensaje de las urnas, Ducoté también cambió de estrategia electoral. O de plan de gobierno, según como se lea. En recientes entrevistas, concedió que podría cambiar obras públicas planeadas en barrios de la periferia por ayuda económica directa. Traducido, plata en el bolsillo en lugar de pavimento en la calle. Mesa servida mata zapatillas blancas.
De repente, parece estar de acuerdo con la frase “La gente no come cemento”, repetida por opositores ante el argumento electoral macrista de la obra pública. Un cambio de idea apurado por la urgencia de revertir en dos meses el resultado de las elecciones. La pregunta es si será suficiente. l
