SEGUNDO RECLAMO

Vuelven al municipio las ollas populares

La organización Conciencia Cívica manifestó en la calle Rivadavia. Reclamaron asistencia alimentaria para los comedores. Sin respuesta, prometieron volver el próximo jueves.

Por Redacción Pilar a Diario 21 de septiembre de 2018 - 00:00

La organización social Conciencia Cívica desplegó ayer el segundo capítulo de lo que, anuncia, será una larga saga. Igual que el jueves de la semana anterior, miembros de la organización montaron una olla popular en la puerta del palacio municipal para reclamar ayuda alimentaria. Pero después de comer, se fueron sin ser atendidos, con las manos vacías y con una promesa: la de volver dentro de siete días.
Fabiana Alaniz es la referente de la organización, un desprendimiento del conglomerado que conforma la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep). 
Ayer, mientras repasaba el trabajo de sus compañeros que revolvían dos enormes ollas sobre una fogata alimentada con madera de pallets, dialogó con El Diario.
“Presentamos un petitorio, que lo sellaron, les comentamos todas las necesidades que tenemos dentro de los barrios. Pero nadie nos convocó”, contó.
La intención del grupo es ser recibidos por Nicolás Ducoté. Y ayer pareció estar a punto de cumplirse. Mientras El Diario entrevistaba a Alaniz, un empleado se acercó con el menaje de que el intendente recibiría a tres personas en su despacho. 
“Nos mintieron”, resumió más tarde Alaniz, “nos querían hacer hablar con un tal Arena”, por Carlos, el Secretario de Gobierno.
“Nosotros no tenemos inconveniente en venir todos los jueves a manifestarnos hasta que él, que es el dueño de casa, el que salió, caminó en los barrios y dijo que quería un Pilar mejor y que hoy que está en el gobierno cobrando un sueldo, no se presente a dar una respuesta”, sentenció la dirigente.
La prioridad del pedido es “lo que necesita un ser humano, lo básico para vivir: la comida”, dijo. El resto viene después. 
Actualmente, reciben algo de asistencia de Provincia. Pero no les alcanza: “Te dan lo mínimo, que son los secos y nosotros tenemos que rebuscárnosla como podemos para  conseguir verdura y al menudo o alita de pollo, que es a lo que se accede”.
La organización mantiene en el distrito doce comedores y siete merenderos. Allí se alimentan 600 chicos y algunos asisten con sus familias. El cierre de escuelas o el reemplazo de la comida caliente por un sándwich por falta de gas, agravó la situación. “Les dan un pedazo de pan con una feta de queso y otra de la paleta más económica que encuentran”, dijo Alaniz.
Otro reclamo plasmado en los carteles pedía la continuidad de las obras el plan de Hábitat en los barrios, un programa que incluye asfaltos, veredas, espacios verdes y, en algunos casos, cloacas y agua potable. Se quejan por las demoras. “Es que todo es para el Facebook, una foto, algo como suelen hacer este gobierno. No esperamos más de ellos”, dijo Alaniz. 

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