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INFORME

EL GOLPE EN PILAR: Las cuatro huellas de la dictadura

El 24 de marzo de 1976 comenzó el período más oscuro del país en el siglo XX. Diversos hechos y circunstancias son caracterizados como símbolos de los años de plomo en el distrito.
Por Redacción Pilar a Diario 24 de marzo de 2018 - 00:00

Un mito derribado con 18 nombres


Contrarrestando el mito de que en el distrito los años de plomo transcurrieron sin mayores incidentes, está comprobado que en Pilar se produjeron al menos 18 desapariciones entre 1976 y 1983, de acuerdo al arduo trabajo de investigación llevado a cabo hace unos años por la abogada Lorena Lescano.
Entre las víctimas hubo doce hombres y seis mujeres. En cuanto a sus ocupaciones, cinco era delegados gremiales u obreros; de otros tantos no pudo determinarse su actividad; tres eran estudiantes; tres empleados y dos profesionales. Algunos eran vecinos de Pilar, otros fueron secuestrados circunstancialmente en las calles del Partido.
Los operativos de los represores se llevaron a cabo en plena vía pública, o bien en domicilios de las víctimas. En uno de los casos, además, el secuestro se produjo en el interior de la recordada Granja San Sebastián.

Un intendente que se quedó


A diferencia de lo ocurrido en gran parte de la provincia y el país, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no conllevó grandes novedades políticas para el distrito. Daniel Alberto Beto Ponce de León, quien había sido elegido como intendente en 1973, continuó ocupando el cargo, ahora designado por la Junta Militar.
Aquella fue una anomalía que solo se repitió en otro distrito de la Provincia de Buenos Aires: San Cayetano, al sur de Necochea, donde Fadael Hendriksen también asumió como intendente previo al golpe y siguió como comisionado tras la oscura jornada del 24 de marzo.
Ponce de León había sido elegido en aquellas elecciones del ’73 como candidato de Nueva Fuerza. Días antes, había renunciado a su candidatura por el justicialismo Luis Lagomarsino. Beto Ponce de León dejó su cargo en 1981, para cedérselo a Ricardo López Herrero.

El escenario de la Masacre

En la noche del 20 de agosto de 1976, los vecinos de Fátima y alrededores se estremecieron con una explosión. En un baldío de la localidad fueron dinamitados treinta detenidos desaparecidos –veinte hombres y diez mujeres, algunos ya llegaron ejecutados- que habían estado alojados en dependencias de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal. Habiéndose podido identificar sólo a cinco de las víctimas en ese momento, las demás fueron inhumadas en el cementerio de Derqui como NN.
Años después, estudios realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense permitieron reconocer otros cuerpos, quedando aún pendiente la identificación de más víctimas. En 2008 se condenó a los policías retirados Juan Carlos Lapuyole, Carlos Gallone y Miguel Ángel Timarchi como responsables del múltiple asesinato.

El monstruo con ambo

El médico Norberto Bianco es uno de los personajes nefastos que dejó la última dictadura militar. Juzgado y condenado por robo de bebés, actuaba en Campo de Mayo –convertido en campo de concentración clandestino en esos años-, mientras también trabajaba en la recordada Clínica Privada Pilar. Los pilarenses de ese entonces recuerdan que era un secreto a voces que el médico “ofrecía” bebés en diferentes ámbitos. Al regresar la democracia, Bianco se fugó a Paraguay con un niño apropiado, el nieto recuperado Pablo Casariego Tato, pero fue extraditado por la Justicia.
Obstetra en una maternidad clandestina en Campo de Mayo, fue excarcelado en 2017 por haber cumplido dos tercios de su condena gracias a una decisión del Tribunal Oral Federal 6. Este verano, al igual que a Miguel Etchecolatz, se le permitió pasar parte del verano en el Partido de la Costa, lo que generó el repudio de diversos sectores.

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