El concejal y precandidato por Unidad Ciudadana, Federico Achával, presentó ayer su lista en un acto en el que predominó la palabra de los vecinos. Los testimonios fueron emotivos, sobre el desorden que les provocó en sus vidas el cambio de políticas económicas y la falta de respuestas locales.
Achával presentó su lista mostrando las caras del ajuste
El concejal y precandidato apuntó a sus contrincantes y al gobierno de Ducoté. Subió a los protagonistas de siete historias a los que la política del Gobierno, les “desordenó la vida”.
Al estilo de los actos de Cristina Fernández en Sarandí y Mar del Plata, y utilizando sus mismas palabras, Achával lanzó ante las más de 700 personas que asistieron: "Queremos representar a quienes vieron sus sueños derrumbarse con las políticas del gobierno nacional y el municipal” y remarcó: "Como dijo Cristina, les pedí que escuchen a los vecinos, con la valentía de decir la verdad”.
En el mismo sentido, pero apuntando a la interna, Achával lanzó: "No queremos más en Pilar políticos que hacen falsas promesas, entusiasman a los vecinos y los dejan a todos de garpe” y agregó: "Muchos de los que hoy levantan la bandera de Unidad Ciudadana son los mismos que engañaron a la gente durante años y no nos van a volver a engañar”.
Y cerró: "Queremos que Pilar deje de ser el lugar de referencia de la desigualdad y que sea el distrito del desarrollo, del trabajo y la equidad”.
Achával fue el único orador entre los candidatos. Tras su discurso, presentó a los verdaderos protagonistas de la tarde, Eugenia (jubilada), Blanca (comerciante de Derqui), Gastón (de un club comunitario), Benjamín (estudiante), Martina (cerró su local en Villa Rosa), Rosendo (trabajador de AVAN) y Hugo (huérfano y a cargo de 4 hermanos).
Historias
"Los jubilados la estamos pasando mal, nos sacaron desde los remedios hasta los viajes, la pileta, todo”, aseguró Eugenia, la primera en contar su historia. Blanca, explicó que de vender telares, pasó a vender solo lana y cada vez menos.
Gastón, remarcó que los 110 chicos que juegan al fútbol en Villa Luján, ya no cuenta con ayuda del Estado y solo el 40% de los padres mantienen su trabajo, pero no pueden colaborar.
Martina no pudo contener el llanto al relatar que cerró su pequeña fábrica de pastas en Villa Rosa: "No pude con las facturas de luz, con el aumento de gas y con los costos”.
Rosendo contó que en AVAN pasaron de 7 mil pesos a 30 mil en la factura de electricidad y que las ventas cayeron un 50% a raíz de la apertura de importaciones. Benjamín pidió viandas para sus compañeros de la Técnica 2 de Derqui y lanzó: "tengo 18 años, me duele ver a mi viejos que se quedó sin trabajo y me parte el corazón haber visto a familiares cerrar su negocio”.
El cierre, hizo llorar a todos con el relato de Hugo, de 19 años, que vive en el barrio Pinazo: "No tengo padres, me hice cargo de mis 4 hermanos, la fábrica en la que trabajaba cerró, con las changas no me alcanza para mantenerlos”.
Testimonios
Gastón (Villa Luján)
"Ya no tenemos recursos para poder darles viandas a los chicos o poder alquilar una cancha. Antes, el 90% de los padres tenían trabajo y podían colaborar. Hoy, solo el 40% tienen trabajo y no pueden ayudarnos”. "En el barrio nos juntamos entre 4 o 5 familias y hacemos ollas populares para poder comer”.
Martina (Villa Rosa)
"Tenía un negocio de pastas, donde los clientes me decían que la salsa boloñesa era la más rica de todo Villa Rosa. Pero no pude con el aumento de luz, con el gas, con los costos y tuve que cerrar. Vi cómo los ahorros de toda mi vida se fueron a la basura”.
Hugo (Pinazo)
"No tengo padres y estoy a cargo de mis 4 hermanos, la fábrica en la que trabajaba cerró y con las changas la plata no me alcanza. Hay días que no como para que coman mis hermanos y no quiero que ellos tengan que dejar la escuela, como tuve que hacerlo yo para mantenerlos. No puedo solo con tanta carga y me duele demasiado
lo que estamos viviendo”.
Benjamín (Derqui)
"Pedimos viandas para compañeros de la Escuela Técnica 2 que tienen muchas necesidades, no comen, no tienen abrigo y están desde las 7 a las 22 estudiando. Nos respondieron que viandas no tienen, pero que nos dan un microondas. La verdad, una vergüenza lo que vivimos. Tengo 18 años y me duele ver a mi viejo que se quedó sin trabajo y a familiares que tuvieron que cerrar su negocio”.