Mientras apura el último trago de café, el líder del Partido Obrero, Jorge Altamira, no saca los ojos del televisor que cuelga de la pared en el bar de Ituzaingó y Bolívar. La pantalla no muestra imágenes de Comodoro Py, ni de ex funcionarios esposados, ni siquiera habla de tarifazos o fondos buitres. Nada de eso: la atención del histórico dirigente de izquierda está pendiente del angustiante final del partido que su Huracán terminó ganando por 4 a 3 a San Martín de San Juan.
Afuera llueve despacio, pero Altamira pronostica tormentas mucho más intensas. Y esta vez, sí está hablando de política.
“No descarto que este gobierno no termine su mandato”, dice, y asegura que “la dislocación política actual es completa”.
En la mesa del bar lo acompañan Carlos Cornejo, Nora Eliçabe y otros dirigentes locales del PO, que convocaron a dar una charla al local partidario de la calle 11 de Septiembre.
El panorama que pinta es de una crisis aguda. “Hay un ajuste en un cuadro de demolición política del Estado. La Justicia está cuestionada, el bloque más importante en el Congreso tiene a sus jefes listos para ir a declarar (en causas por corrupción)”, dijo.
Y aseguró que eso se verá agravado por “el tema de la evasión impositiva de funcionarios clave de este gobierno”, revelada por las filtraciones del llamado Panamá Papers.
Pero aunque el panorama que dibuja es desolador, Altamira sostiene que en ese escenario, “la izquierda será llamada más rápido de lo que piensa a ser alternativa de poder”. Pero señala un “retraso” por parte de los propios dirigentes de su sector a hacerse cargo del pronóstico que él les augura”.
Para Altamira, el problema final no será político o social, sino financiero. “Si por la crisis mundial, la Reserva Federal (de los Estados Unidos) aumenta un punto la tasa de interés, el gobierno de Macri se disuelve: está podrida la base económica y política que sustenta este ataque a los trabajadores”, dijo.