Los partidos que no manejan grandes recursos económicos suelen coincidir en que, sin plata, la campaña se hace cuesta arriba. Sobre todo cuando los candidatos salen a caminar desde el llano para pelear contra el principal fantasma de cualquier político: el desconocimiento.
El Frente Progresistas –el nuevo nombre que adoptó la coalición que se hizo conocida como FAP- es uno de los que recorre ese camino, más sinuoso, de dar a conocer a sus candidatos contando cada peso invertido.
El precandidato a la intendencia de Pilar por Progresistas es el médico Alejandro Uriburu, militante del GEN de Margarita Stolbizer. Él mismo reconoce las dificultades que atraviesa junto a sus compañeros de lista para hacerse conocer.
“En los barrios de la periferia crece el nivel de conocimiento de la Presidenta (Cristina Fernández) y de (Daniel) Scioli. Eso tiene que ver con los planes sociales, que es la única forma en la que llega el Estado a algunos lugares: no hay obra pública, ni infraestructura, solo planes”, le dijo Uriburu a El Diario.
“Cuando más te acercas a las zonas centrales, aumenta el conocimiento de los candidatos a presidente y a intendente, pero el de diputados y concejales es mucho menor”, dijo.
Para el candidato no hay dudas: el nivel de conocimiento dirigencial está ligado directamente a los recursos económicos de los que disponen. Y asegura que la ventaja la tienen los oficialismos por lo difuso de los límites entre fondos púbicos y partidarios.
“Hay una lógica de los fondos en la campaña. La plata que gastan Zúccaro y Molina, el Frente para la Victoria en general, es impresionante”, sostuvo.
En ese sentido, señaló que “hay que declarar de dónde sale esa plata, porque es poco ético ese nivel de campaña si no sabemos de dónde salen los fondos”.
La respuesta, dijo, tiene que ver con la cantidad de dirigentes que tienen cargos públicos desde hace años: “Los partidos que tienen gente que vive de la política tienen más facilidad para juntar la plata. Hacen caja con el Estado y quieren seguir en el poder por eso, solo por la caja”, acusó.
Así, dijo que mientras un cartel gigante en la Panamericana cuesta unos 90 mil pesos al mes, ellos llevan gastados no más de 70 mil, “y la mayor parte sale de nuestro bolsillo”.
De hecho, dijo que a diferencia de las listas de otros partidos, “nosotros trabajamos todos. Yo suspendí el trabajo los martes, viernes y sábados, que son los días para la campaña”.
A la vez, señaló que el mensaje que llevan a los vecinos tiene que ver con la necesidad de la presencia del Estado, pero desde un lugar ético.
“Nos diferenciamos del macrismo, que quiere un Estado chico y esperar que el vaso de la riqueza derrame, y del peronismo, que hace uso clientelar del Estado”, señaló Uriburu. l



