El último tramo de la campaña tiene para los candidatos un desafío adicional. Es que no sólo deben aceitar sus estrategias para conseguir el voto de los ciudadanos sino que también deben armar una estructura que cuide sus boletas el día de la elección.
Con el sistema actual de boletas de papel divididas por partido, la fiscalización de los comicios corresponde a cada fuerza política. Y algunos sostienen –tal vez con cierta exageración- que ahí estará la diferencia entre ganar o perder.
Pero la estructura que se necesita para hacer frente al desafío es uno de los grandes escoyos para los participantes. Sobre todo para los que tienen menos recursos.
Este año habrá unas 770 mesas habilitadas para votar. En el cuarto oscuro que corresponde a cada una de ellas, deberán disponerse las 13 listas locales inscriptas ante la Junta Electoral. Pero muchas veces, que las boletas estén o no disponibles para los votantes depende de la presencia de fiscales.
Unas mil personas serán necesarias para custodiar cada mesa, cada escuela y el circuito de reposición de boletas. Un verdadero ejército del que no todos podrán disponer.
La logística no parece ser un gran problema para el oficialismo, que suele disponer de un despliegue estratégico que impresiona.
En los últimos días, ya comenzaron las tareas de reclutamiento de fiscales y hasta se dispuso un centro de capacitación al que bautizaron Ricardo Romero.
El rival interno de Humberto Zúccaro en el Frente para la Victoria, José Molina, también trabaja en la fiscalización como uno de los temas centrales.
En uno y otro lado, le prestan especial atención a la presencia en cada mesa y a la experiencia de los fiscales para controlar la interna. Y ambos bandos, también, admiten lejos de los micrófonos que esta elección, la primera que enfrentará a Zúccaro y Molina, será un terreno apto para los cruces con pierna fuerte el día del comicio.
El precandidato a gobernador por el massismo, Felipe Solá, lo dijo con todas las letras: “Hay que tener fiscales que se la banquen. Vamos a mandar a los más fieros”.
El robo de boletas es lo que más le preocupa. “Entra el tipo flaco al cuarto oscuro y sale gordo”, graficó.
El precandidato macrista, Nicolás Ducoté, aseguró que ya cuenta con mil voluntarios inscriptos como fiscales, de los cuales 600 pasaron por la capacitación.
El dirigente planteó que el proceso de selección será riguroso: nadie tendrá asignada una mesa para fiscalizar antes de pasar por el curso de capacitación y al menos dos actividades de campaña. “Queremos evaluar el nivel de compromiso para evitar sorpresas el día de la elección”.
Tampoco habrá fiscales pagos, dice, para evitar que un pago mayor los incite a desertar.
“La cancha está inclinada para el lado de los oficialismos. Ellos tienen más oficio, más recursos y la violencia. Pero los nuestros tienen compromiso inmaterial: no están por obligación ni por plata”, dijo.
Los partidos con menos estructura tendrán una pelea distinta. Saben que no tendrán fiscales para todas las mesas, por lo que trabajan para cubrir, al menos, cada escuela.
Es a lo que apunta el Frente Progresistas, que aspira a llegar a, al menos, 140 personas para cubrir el día de la elección.
“Ese es uno de los temas que hay que superar, hay que ir a algún tipo de boleta única o electrónica. Después de la experiencia en capital, eso se vendrá con más fuerza”, dijo.
“Defender el voto nos cuesta muchísimo”.
ALEJANDRO URIBURU.
“Vamos a cuidar la boleta de los competidores que no tienen estructura. Es una cancha muy inclinad para el oficialismo”.
NICOLÁS DUCOTÉ.