La semana que comienza con el feriado del 25 de mayo no será una más en este año electoral. Los días finales del mes serán los que definan el escenario electoral que tomará luego en junio su forma definitiva.
El kirchnerismo, el massismo y el Pro tendrán en los próximos días varias de las respuestas que vienen esperando y que serán las claves de todo lo que vendrá después.
Por estos días, de hecho, quedará develado el principal enigma de la política local: si el intendente Humberto Zúccaro jugará sus chances de reelección en el equipo del massismo, donde está enrolado desde el 2013, o mudará otra vez de camiseta para volver a vestir la del Frente para la Victoria.
En los últimos días, el mismo Zúccaro advirtió que estudia la posibilidad del salto mientras mantiene conversaciones con altos funcionarios del Gobierno nacional. Incluso, se lo comunicó formalmente al propio Sergio Massa.
La decisión de Zúccaro será ordenadora para todo el escenario local. Depende de qué espacio represente el intendente, el resto de los actores irá definiendo el propio.
Es que si decide saltar, el terremoto se sentirá tanto en el massismo con en el kirchnerismo. Y en las dos puntas ya trabajan pensando en esa hipótesis.
Si se queda sin su principal candidato local, el Frente Renovador tendrá que imponer rápidamente a un suplente, a riesgo de quedarse directamente afuera de la pelea.
El que trota al lado de la línea de cal es el senador provincial Jorge D’Onofrio, un massista puro que ya dio señales de su disposición a ocupar el lugar que Zúccaro amaga dejar vacante.
No es el escenario preferido para Massa, pero es el único que le quedaría a mano. Y lo obligaría a trabajar contrarreloj para tratar de imponer en el electorado a una figura con bajo nivel de conocimiento.
Eso, mientras todavía en las altas esferas no pierden la esperanza de forzar a Mauricio Macri a cerrar un acuerdo –improbable hasta el momento- para confluir todos en la misma PASO.




