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Tribuna del lector: Por las blancas palomitas pongamos las cosas en blanco

24 de febrero de 2013 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

Mañana no empiezan las clases, otra vez, otro año más y parece que este estigma no tiene ni tendrá solución año tras año. Pero para que cada vez no seamos los maestros los perjudicados más allá del descuento de haberes ya dispuesto a pesar de la legalidad de una huelga, es necesario aclarar otra vez por qué.

En enero, los gremios docentes se pusieron a disposición del Gobierno para iniciar las paritarias. Como corresponde, los gobiernos provinciales se ponen a la expectativa de la negociación nacional a cargo del ministro de Educación Sileoni.

Sin muchas reuniones en el medio esta se cerró unilateralmente la semana pasada con la orden presidencial del 22% pero en tres pagos con la casualidad que todas coinciden con la posterioridad del aguinaldo.

Si el Gobierno nacional, que no paga ningún sueldo docente, hubiera cerrado en un 30%, los gobiernos provinciales tenían la obligación de ofertar ese mínimo. Entonces, primer culpable, el Gobierno nacional, que dicho sea de paso, si no paga ningún sueldo docente, ¿Por qué interviene?

El fardo llega a manos de los gobiernos provinciales que como es lógico ofrecen lo mismo que el Gobierno nacional dispone, o acaso no son parte de este “plan nacional”, todos sabemos las consecuencias de contradecir a “la señora”.

Se discute desde siempre en las mismas escuelas qué otra medida tomar para mostrar el descontento con la actitud de desprecio hacia la educación en general aunque más notoria es en la escuela pública, que es donde se pone de manifiesto un paro. Porque las escuelas privadas, o sus docentes, no los realizan, aunque sí reciben los beneficios de la lucha de todos los demás.

Entonces la escuela pública vuelve a ser la más notoria de este conflicto. Si a las escuelas del Estado se les exigiera lo que se les exige a las privadas para abrir la puerta, no creo que haya una que pudiera hacerlo. La mínima seguridad requerida para el normal funcionamiento no existe, los baños siguen siendo un tren fantasma, las aulas, que se podrán notar cuando podamos empezar, estarán abarrotadas de chicos, ya que las obras ya decididas desde hace más de 10 años, siguen a la espera de un milagro.

Cuatro llamados a licitación de reformas y ampliaciones en escuelas públicas fueron frenados a mitad del año pasado por “falta de presupuesto”, ese que según se dice es el mayor en la historia de este país; o la historia miente o el presupuesto miente. Acá siempre alguien miente.

A cada papá o mamá que quiere acompañar a su hijo el primer día de clases, quiero decirle que nosotros, los docentes, también quisiéramos que empiecen cuando corresponde, pero que necesitamos de ustedes también para mostrar una realidad cada vez más dura, porque son sus hijos y no animales los que van todos los días a ese edificio más parecido a una cárcel que a un lugar donde se debe aprender siempre mínimamente a ser mejor persona. n

 

*Esta columna es  totalmente abierta a nuestros lectores. Para publicar, enviar a info@pilaradiario.com.

 

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