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Absolvieron al último imputado por las coimas en el Concejo

La Cámara de Casación penal revocó la sentencia contra Juan Carlos Leguizamón, que había sido condenado en el 2007. Un escándalo de corrupción que cierra el círculo ocho años después.

26 de octubre de 2010 - 00:00

 

Inocente. Juan Carlos Leguizamón fue absuelto y quiere volver a la política.

 

Ocho años después del último gran escándalo de corrupción que sacudió a la política local –al menos el único que tuvo detenidos y condenados- terminó de cerrarse el círculo: el último imputado por el caso, el ex secretario administrativo del Concejo Deliberante, Juan Carlos Leguizamón, fue absuelto por la Justicia.

La crónica periodística bautizó al caso como Tía Sofia, el mismo nombre del boliche cuyos dueños denunciaron pedidos de coimas para poder abrir al público lo que, escándalo mediante, nunca lograron hacer.

Leguizamón fue absuelto por la Cámara de Casación Penal bonaerense, que revocó el fallo condenatorio que, a fines del 2007, había dictado el Tribunal Oral Nº 5 de San Isidro. En esa oportunidad, el ex funcionario había sido condenado a tres años de prisión condicional, por lo que no cumplió arresto.

De todos modos, Leguizamón había estado detenido entre el 11 de octubre del 2002 y el 4 de abril del 2003, cuando se le revocó la prisión preventiva que pesaba sobre él y los otros dos imputados: Hugo “Chivo” Rojas y Fernando Ioselli.

Los dos últimos fueron condenados a tres años en un juicio abreviado tras reconocer su culpabilidad en el hecho. Leguizamón, en tanto, siempre defendió su inocencia por lo que llegó a la instancia de juicio oral donde fue condenado en base al testimonio de uno de los empresarios víctimas del delito, Miguel Ángel Sofía, quien estuvo ausente en la audiencia pública realizada en diciembre del 2007.

 

Testigos

El caso comenzó a mediados del 2002, cuando un grupo de empresarios liderados por el conductor bailantero Daniel Clariá, más conocido como “La Tota Santillán”, denunció que supuestos enviados del Concejo Deliberante les exigían dinero a cambio de no trabar los trámites de la habilitación.

La grabación de una conversación y varios testigos fueron fundamentales para imputar a Rojas y a Ioselli. Más tarde, también fue señalado Leguizamón, quien había recibido a los empresarios en el Concejo del que era secretario cuando éstos se presentaron para ver el expediente por la habilitación del boliche. Según surge de los testimonios de los propios empresarios, en esa reunión Leguizamón sólo habría informado que ese día no podrían ver la información requerida, por lo que deberían volver un día hábil y en horario de atención al público.

Sin embargo, una supuesta llamada que uno de los empresarios dijo haber recibido más tarde de alguien que habría dicho ser Leguizamón volvió a comprometer al entonces funcionario.

Ahora, los jueces Ricardo Borinsky y Víctor Horacio Violini, coincidieron en que no puede darse por acreditada la existencia de tal llamada y, por lo tanto, menos aún que hubiese sido realizada por el acusado. Así, decidieron absolver de culpa a Leguizamón, al que además liberaron de las costas del juicio.

“Yo estaba inhibido y embargado. Las costas eran cerca de 200 mil pesos”, confió Leguizamón ayer, en diálogo con El Diario. Desde que fue liberado tras seis meses de arresto, en abril del 2003, Leguizamón trabaja como remisero.

 

“Humillación”

“Yo antes de ir preso nunca había pisado una comisaría”, cuenta Leguizamón que aún tiene marcada a fuego la humillación que le significó haber sido detenido y esposado en su oficina del Concejo Deliberante.

Por eso, asegura que además de afectarlo en lo laboral, la causa le acarreó “un daño psicológico a mi familia y a mis hijos del que nos pudimos recuperar”.

El fallo de Casación fue dictado en julio último. Pero Leguizamón esperó hasta ayer para darlo a conocer y así estar seguro que no hubiera ninguna apelación.

“Cuando llegó la noticia yo ya no la esperaba. Gente que conozco me había dijo que me olvidara de Casasción. Y yo ya me había olvidado”. Por eso, tal vez, el fallo absolutorio tuvo un efecto aún más fuerte: “lloré por primera vez en mi vida”.

Tres años antes, Leguizamón y su familia se habían preparado para festejar un fallo absolutorio que creían seguro tras el juicio oral. “De los 18 testigos, todos me desvincularon”, contó. Así, la condena fue como un mazazo.

Por eso, los abogados José Carro y Silvio Duarte decidieron presentar el recurso de Casación que finalmente favoreció a Leguizamón.

“Yo ya no creía en la Justicia. Ahora, por suerte, me tengo que desdecir de todo lo que pensaba”, dijo.

 

Quiere volver a la política

Leguizamón: “ahora quiero retruco”

“Ahora quiero retruco”, se entusiasmó Juan Carlos Leguizamón, quien se anima a soñar con retomar una carrera política que se vio interrumpida en el 2002 por un escándalo de corrupción. Ahora, 8 años después, la absolución sentenciada por el tribunal de Casación es su as de espadas.

“Si quedaba salpicado por esto no volvería para no incomodar a nadie. Pero ahora ya no llevo en la espalda la bolsa de cemento que tenía”, dice.

Leuizamón considera que el momento actual del peronismo es de oportunidades. Y asegura tener buenas relaciones con dirigentes tanto en el oficialismo como en diferentes vertientes del PJ opositor.

“Hasta ahora seguí la política de oído, pero en adelante voy a estar más atento”, aseguró.

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