GIRO EN LA CAUSA

Crimen de La Delfina: secuestran celulares de los hijos de Wolfenson

Por orden judicial secuestran los teléfonos de los tres hijos de la la víctima. Todos permanecen bajo sospecha.

21 de marzo de 2024 - 18:16

Mediante una orden judicial, se secuestraron los teléfonos celulares de los hijos biológicos de Roberto Wolfenson, Esteban y Laura, y el de la hijastra Belisa Wanda Tantone, quien ingresó a una computadora personal de la víctima. Todos permanecen bajo sospecha.

La medida fue solicitada por el letrado querellante de los propios hijos biológicos y por el fiscal de la causa quienes habían pedido el secuestro de las personas del entorno del jubilado asesinado, a lo que el juez de Garantías Nicolás Ceballos autorizó solamente el secuestro de los móviles de los hijos e hijastra.

LAS DECLARACIONES EN EL CRIMEN DEL COUNTRY

El repaso de las declaraciones de las personas que estuvieron en las primeras horas del hecho son fundamentales: el primero fue el guardia de seguridad del country llamado José Omar J. El hombre contó en la DDI de Pilar que él encontró el cadáver luego de haber ingresado junto a un compañero y un vecino. Además, dio detalles de dos situaciones extrañas sucedidas tras el descubrimiento.

Juan José comenzó explicando que trabaja como “portero” de la puerta 2 del barrio. Dijo que es “el lugar asignado para el ingreso de los proveedores, empleadas domésticas y jardineros”, entre otros. También detalló que el 23 de febrero pasado estaba en su puesto cuando le informan que debía ir al lote 397, el de Wolfenson, porque no respondía y el profesor de piano estaba en la puerta.

Así narra el guardia su accionar: “Tomo mi vehículo y me dirijo al lugar en cuestión. A la altura del lote 142, veo al profesor de piano. Le pregunté si ya se iba o si me podía acompañar, y me dijo que me acompañaba. Cuando llego, estaba mi compañero y un vecino, que me dice que había hablado con la señora Graciela y que le había dado la anuencia para ingresar”.

En este punto, el guardia dijo algo sospechoso. Siempre según su testimonio, alguien le pidió que no llame a la Policía. O, mejor dicho, lo retaron por hacerlo.

El testigo lo contó así: “Por orden de mi supervisor, llamo al 911 donde informo lo sucedido. Luego, 20 minutos más tarde, recibo el llamado de la Intendenta que me dice: ´¿Quién llamo a la Policía? Yo hablé con la propietaria y me solicitó que no llamen a la Policía´. A lo que le digo a mi compañero: ‘¿Cómo no vamos a llamar a la Policía si había una persona muerta?´”.

Para finalizar su relato, recordó otro hecho particular. “A las 19, me llamó el encargado de la comisión de seguridad del barrio y me pregunta: ´¿Tenés el registro del propietario? ¿Tiene reconocimiento fácil? ¿Lo usaba?´. Esto es debido a que no encontraba ningún registro. Solo el de Graciela Orlandi. Yo me fijé y tampoco encontré ningún registro de Wolfenson”.

Sin embargo, dos días después, aparecieron: “Pasadas 48 horas, aproximadamente, de manera repentina, comenzaron a aparecer los reportes de Wolfenson”, testificó Jara.

Mientras estos testimonios son analizados una y otra vez, por otro lado, los investigadores centran ahora su atención en los movimientos del teléfono celular de la víctima, uno de los pocos objetos que se llevó el asesino. Por eso, además del fiscal original de la causa, Germán Camafreitas, se sumó, para este trabajo específico, el fiscal especializado en ciberdelitos Alejandro Musso.

Musso descubrió que el celular de Wolfenson fue usado por última vez el día anterior al hallazgo del cuerpo, es decir, el jueves a las 14.42. Curiosamente, esa activación no se dio en el barrio privado, sino en la estación de Derqui, que queda a unos 5 kilómetros del country. Por la distancia, está descartado que pueda haber una confusión en cuanto a las celdas del celular.

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