Cuando se vio rodeado por la policía y los peatones que habían visto lo que acababa de hacer, Lorenzo Esteban Duarte Martínez extrajo un cuchillo de entre sus ropas y se lo clavó en el corazón. Escapaba como podía entre unos pastizales, luego de haber desperdigado restos descuartizados de una mujer.
Con el correr de las horas se conoció la identidad de la víctima, pero también el temible prontuario de Duarte: ya había estado preso por otro femicidio, al tiempo que era el principal sospechoso por la desaparición de dos mujeres de las que todavía nada se sabe.
El recorrido criminal de este hombre de 57 años comenzó cuando era un adolescente, en 1983, implicado en un caso de “privación ilegal de la libertad” en el Departamento Judicial San Isidro. Tres años más tarde estuvo vinculado -en la misma zona- en una causa por “lesiones calificadas”. En 1989 por “hurto automotor”, y en 1992 por “abuso de arma, atentado y resistencia a la autoridad”.
A partir de 1993 los hechos fueron aumentando en gravedad: Duarte estuvo imputado en una causa por “robo y hurto, y violación” en la jurisdicción de Zárate-Campana.
Hasta que, en 2004, se produjo la desaparición de Viviana Altamirano, de 22 años y vecina del barrio Las Tunas, en General Pacheco. Familiares de la joven, al conocer la noticia a través de El Diario, expresaron: “Esteban Lorenzo Duarte (principal sospechoso de la desaparición de Vivi) está muerto”, aunque afirmaron sentir “tristeza por una persona más, que pudo haberse evitado si no lo largaban”.
Nidia Altamirano, la propia madre de Viviana, indicó que el ahora fallecido “nunca pagó, por falta de mérito, siendo que encontraron toda la ropa que llevaba puesta el día que desapareció, a pleno día”.
La familia siempre sospechó que fue un caso de trata de personas, e insiste buscando justicia hace 15 años. Una trama que no tendría un solo protagonista: “No quisieron cambiar la carátula, solo dejaron ‘averiguación de paradero’ –dice la madre de Viviana-.Toda la complicidad de las autoridades de turno”.



