“Les dije ‘¿no les da vergüenza maltratar a un viejo? Y me pegaron en la cabeza”
Héctor Raúl Bertolotto es una eminencia en lo suyo: es uno de los pocos cartógrafos artesanales que quedan en el mundo (si no el único), ha recorrido cada rincón del distrito y es quien dibujó los mapas que calcábamos en la escuela, entre tantos trabajos.
Sin embargo, la vida tranquila que lleva en La Lonja se vio sacudida por un violento asalto: cuatro delincuentes ingresaron de madrugada, lo maltrataron, lo golpearon y se llevaron dinero que acababa de retirar del banco.
El hecho sucedió el sábado 10, pero Bertolotto (mañana cumplirá 93 años) se decidió ahora a hacerlo público: "En un momento me di por muerto”, afirma.
Infierno
La crónica de los hechos comienza dos días antes del robo: ese jueves, el hombre había retirado 17 mil pesos del banco, con la intención de –luego del fin de semana- comprar materiales y pagarle a un albañil para hiciera unos arreglos en su casa.
Pero cerca de las 5 del sábado, el sueño se vio interrumpido por la presencia de tres encapuchados en su habitación, más uno que se quedó en el parque. "Entraron rompiendo una puerta a patadas –comenta-, por suerte no estaba mi hijo o mi nieto, porque quizás intentaban resistirse. Nos habrían matado”.
Bertolotto indica que los ladrones "eran profesionales”, ya que sólo uno hablaba, pero con frases cortantes: apenas "dónde está la plata” y "acostate”, como únicas directivas. "Eso sugiere cosas –infiere-, quizás si hablaban los reconocía…”.
Si bien no hubo gritos sostenidos ni golpes constantes, sí ejercieron la violencia física en un momento puntual. "Al que me hablaba le dije: ‘¿no te da vergüenza maltratar a un viejo? Seguro sos un chico’, y ahí me pegaron de atrás en la cabeza, con algo que no pude distinguir”.
Tensión
La pesadilla se extendió por más de una hora, hasta pasadas las 6. Luego de darles el dinero, Bertolotto fue obligado a sentarse en su cama, maniatado, al tiempo que cubrieron su cabeza con una de sus camisas. "En ese momento me di por muerto –asegura-, creí que iban a matarme. Pensaba en mi familia, en las personas que al entrar a mi casa iban a encontrar un cadáver…”.
No obstante, luego de 15 o 20 minutos de total silencio, se convenció de que los ladrones se habían ido. Incluso huyeron en el auto de la víctima, vehículo que luego apareció en el barrio Monterrey, de Presidente Derqui.
Como pudo, Bertolotto descubrió sus ojos y bajó a la cocina, donde con un cuchillo se las ingenió para desatar sus manos y llamar al 911. La casa estaba revuelta.
Por estos días, su vivienda tranquila se llenó de rejas en puertas y ventanas. "Mi casa está ‘sucia’ –expresa-, pero en un sentido metafórico. Ha sido ultrajada, violada”.