Opinión

Educación vs ideología

sábado, 4 de septiembre de 2021 · 10:47

Por Ricardo Fabbro

Docente y primer precandidato a consejero escolar de Unión Por Todos.

 

Recientemente ha salido a la luz un video que hace evidente la situación en muchos colegios secundario de nuestro país, en donde los profesores, realizan adoctrinamiento a sus alumnos. Esto no es nuevo en nuestra sociedad, sino que es el proceso de más de tres décadas, en las que las ideologías fueron penetrando las instituciones destinadas a la generación y a la transmisión de conocimiento: las universidades y las escuelas, respectivamente.

Frente a este panorama, la pregunta que surge es: ¿la docente estaba enseñando? ¿Es esa su tarea docente, adoctrinar, no habilitar otro punto de vista? ¿Forma esto parte de su tarea docente?

En primer lugar, la palabra educar, deriva de los vocablos educare (formar, instruir) y educere (guiar, conducir). Educare puede entenderse como criar; nutrir o alimentar, moldear, instruir desde adentro hacia afuera. Y educere, refiere a sacar de dentro de un individuo, guiarlo para que despliegue sus facultades, y ayudarlo para que pueda desarrollarse.

Con esta aclaración, resulta difícil creer que las trayectorias educativas de nuestros alumnos y que sus proyectos de vida puedan mejorar, a base de gritos, malos modos y amenazas. Independientemente de la grieta en la que estemos parados como ciudadanos, esa fatídica grieta, que tanto mal nos causa y que ha desgarrado el tejido social, con una división respecto a un interrogante, que el mundo ha resuelto hace bastante tiempo. Los países que van a la vanguardia en educación no discuten política partidaria en las aulas, sino políticas a largo plazo, más allá del gobierno de turno, y en los lugares pertinentes para tal fin.

Volviendo al tema de educar, resulta complejo tratar de relacionar en forma directamente proporcional el destrato de una docente con el aprendizaje de sus alumnos. Es muy difícil evidenciar en esta situación una ayuda a mejorar, a moldearse, a conducirlos a una mejor estadía como alumnos. Un reconocido abogado, decía en una entrevista: “la fortaleza de tu agravio es la debilidad de tu argumento”, o algo por el estilo. Cuánta razón condensada en unas pocas palabras.

Si nos referimos a la tarea docente, es importante ahondar en el concepto “docente”, ¿Qué significa esta palabra? La Real Academia Española nos dice que la palabra docente viene del latín “Docere”, enseñar. El Diccionario Vox de latín-español, nos amplía más desde el verbo “doceo”, enseñar, manifestar, instruir a alguien. También, según el diccionario Vox griego-español, docente viene del griego “dokeo”, que significa: crecer, opinar, suponer, imaginar, esperar. El docente entonces es aquel que enseña, que instruye y transmite algo de sí a otro.

Raúl E. de Titto, Luis Mesyngier y Rubén Ciancio en su libro “La escuela exigida” nos dicen que el docente es un profesional didacta, y que es esta su diferenciación laboral. Es decir, esto lo distingue de cualquier otro trabajo. En ello se le debe exigir que sea excelente, en que los chicos aprendan, implementando todas las formas posibles para que los chicos aprendan. Pero ¿gritando?

El docente entonces es aquel que logra que el alumno aprenda, comprenda e interiorice lo que él enseña y saca de sí. Por favor, que lo que saquemos de nosotros mismos sea tolerancia, empatía, comprensión y la convicción de que nuestra tarea, puede cambiar el mundo.

En cuanto al adoctrinamiento, qué decir… Desde los últimos veinte años, los sectores fanatizados, quienes describen la intolerancia para con ellos, son lo que jamás habilitan otro punto de vista, los principales intolerantes, lo que tergiversan las cosas, los que descalifican a base de comentarios como por ejemplo eso es mentira, de dónde sacás la información, sabés cómo armaron las causas, etc. Es muy fácil determinar que para ellos, lo único importante es el proyecto, es decir, pertenecer a la manada, sin importar si hay evidencia empírica que demuestre lo contrario, la corrupción, los audios, las imágenes, los dichos, los desdichos. Esto es muy peligroso, pues es algo compartido con las ideologías totalizadoras, dictatoriales.

Si afirmáramos que dichas personas (en este caso una profesional de la educación) por ser educadas con licenciaturas, másteres y doctorados serían garantes de ser buenos educadores, estaríamos cometiendo un error garrafal, ya que no debemos caer en la falacia, de que todos los problemas, son problemas de educación.

Pensemos en Alemania, el país más educado del siglo XX en Europa. Cuna de grandes escritores, filósofos, artistas, con más de 100 laureados con el premio nobel; en donde se destacan reconocimientos en el campo de la física, química, matemáticas, fisiología y medicina. ¿Los problemas de Alemania eran de educación? No lo creo, sus problemas eran debido a sus ideologías, a sus concepciones del hombre, a sus conjuntos de prácticas y creencias que intentaron imponer al mundo todo.

En Argentina, los problemas más urgentes que tenemos los docentes, los padres y todos los actores que interactúan en la alianza familia-escuela, decantan en un problema de valores. Nuestra pobreza estructural, el pobre desempeño educativo, son fruto de un problema moral. Nuestros dirigentes deben responder, deben rendir cuenta de estas situaciones. Desde una mirada crítica, los gobernantes de nuestra amada Nación, tienen una deuda profunda con respecto a este tema. Esta deuda debe ser saldada de manera urgente, pues el futuro de nuestros jóvenes depende de ello.

Para finalizar, dejamos unas palabras del Papa Francisco, que plasmó en su libro “Educar: exigencia y pasión”. Démosle prioridad: al amor sobre la razón, pero nunca de espaldas a la verdad; al ser sobre el tener; a la acción humana integral sobre la praxis transformadora que privilegia solo la eficacia, a la actitud servicial sobre el hacer gratificante, a la vocación última sobre las motivaciones penúltimas.

 

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