Tribuna del lector

Covid en las fábricas: es necesario parar la producción

Por Pablo Busch*
miércoles, 12 de agosto de 2020 · 08:06

A esta altura, ya no hay fábrica del AMBA en la que no se hayan detectado positivos. En algunas, los casos ya superan el centenar, en varias de ellas con obreros fallecidos. Los protocolos originales que se llevaban adelante ante casos, son violados cotidianamente por las patronales para evitar ver afectada la producción: los contactos estrechos -y por lo tanto los hisopados- son llevados a cero, ignorados, la parada por 24 horas para sanitizar el establecimiento se dejó de hacer.
A cierto nivel de circulación, en el que ya entraron cientos de empresas, las medidas preventivas devienen obsoletas y los contagios quedan librados al azar. La política de las patronales es continuar con la producción caiga quien caiga, en función de una política expresa de “inmunidad de rebaño”, tolerar el contagio masivo a la Bolsonaro. Quieren llevar el rebaño al matadero, para inmunizar a los que sobrevivan, listos para seguir produciendo. Esto no puede continuar.
El “distanciamiento flexible” -o pseudo cuarentena- que el Gobierno dispuso desde principios de agosto, dejaba la prevención a la “responsabilidad individual de los ciudadanos” para hurtarle el cuerpo al Estado. Ahora se atribuye la progresión acelerada de los contagios a las personas que organizan reuniones sociales y hasta familiares. Lo que no denuncian los medios ni advierte el Estado es el enorme vector de contagio en el trabajo, en las industrias y grandes comercios, que ya fueron largamente exceptuados de la cuarentena, algunos desde el primer día. La responsabilidad criminal de las patronales por los contagios y las muertes de obreros es atribuida por las patronales y las autoridades a los “descuidos” de los ciudadanos.
Las fábricas desbordadas de casos ya no son la excepción: Mondelez Pacheco ya pasó los 110 casos, Felfort los 65, casos, en Supermercados Coto más de 458 casos, 48 en Volkswagen, 40 en Toyota, 40 en Orlog, 35 en Fate, 30 en el Frigorífico Rioplatense, 29 en Alijor, 29 en Lagomarsino, 19 en Panificadora Balcarce, más de 20 en Unilever Pilar, 14 en Saborísimo, 14 en Icecream, 9 en Stani, más de 20 en La Salteña, más de 600 trabajadores ferroviarios, y la lista sigue.
Un problema mayúsculo es que por la pandemia las empresas se vieron obligadas a otorgar licencias a un porcentaje de los trabajadores, algunos por pertenecer a los grupos de riesgo y a otras por ser madres de alumnos con clases suspendidas. En muchos casos, como Arcor, el pago de esas licencias fue del 75% del salario. Las patronales se niegan a seguir sosteniendo económicamente a trabajadores que dudosamente podrán volver a tomar tareas en el mediano plazo, y ya hay denuncias de que algunas empresas están presionándolos para “arreglos” de cesantías.
Los sindicatos y la CGT han dejado en manos del Estado el control de los protocolos en los lugares de trabajo y el otorgamiento de autorizaciones para reiniciar la producción. Pero es el mismo Estado que autorizó el arranque de esas industrias quien deja aplicar a las empresas sus propios protocolos y que les ha dado prioridad a las ganancias de los capitalistas por sobre la salud de los trabajadores. El colapso de los protocolos por los niveles de circulación del virus se da en medio de otro colapso: el del sistema de salud pública y en particular de sus trabajadores, que son los más expuestos al contagio. 
Es necesario parar la producción y rediscutir las condiciones de trabajo, con derecho a veto por parte de los trabajadores. El paro contra los contagios equivale a una declaración de huelga – por eso está planteada una huelga de carácter general.
Los paros de Mondelez Pacheco, de Unilever, de La Salteña y de decenas de fábricas en reclamo de protocolos y medidas preventivas, tienen que convertirse en uno sólo en defensa de la salud y la vida de los trabajadores. Es el único camino posible.

*Militante del Partido Obrero. 
 

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