La teta no es tan grande
Sr. Director:
Por supuesto que el lado más oscuro de esta pandemia es la enfermedad misma, por supuesto que la salud está por encima de todo, pero qué grande que es el árbol del miedo que tapa con holgura (hasta cierto tiempo) el bosque del futuro.
Esta enfermedad tan indefinida en sus formas y transmisión como segura en sus resultados no hizo más que despertarnos en esa realidad que todos conocíamos y que de alguna manera aceptábamos, pero intentábamos evitar, la marginalidad, la pobreza, y por supuesto ese vínculo tan irreal con el trabajo real que se plasmaba en casi media Argentina viviendo del Estado (no del gobierno) y la otra mitad pagando sus impuestos para que todo siguiera así, total no había mucho problema en ello.
La necesidad de requerir de algún tipo de consuelo estatal ante semejante desastre económico abrió las puertas de ese túnel donde se escondía el trabajo en negro, las changas y la vida del día a día, esa que no queda registrada en ningún libro, que no se muestra en ninguna encuesta real, porque a nadie le gusta, o le conviene, responder siendo usuario.
Y ahí aparecieron decenas, cientos, miles y hasta millones de seres humanos, personas y ciudadanos de este país (y también de otros) que se encontraron de repente y ante una decisión tan drástica como indiscutible en su momento que fue la cuarentena, con el bolsillo vacío, sin las monedas que cada día sonaban y que servían en el mejor de los casos para la leche y el pan, aunque seamos honestos, también para la cerveza y el cigarrillo. ¿Y entonces? Como una gran madre abarcadora apareció el Estado a través del Gobierno amamantando hasta a quienes ya tenían dientes, pero carne no había. El tema es que, así como un cuerpo sabio que genera en la teta la leche necesaria para uno, dos o tres críos, el Estado nunca tiene para bancar a todos. Entonces hay que restringir a los de dientes grandes, a los gorditos, a los que se portan mal y surgen quienes no acceden a esa ayuda, no les autorizan el IFE, no acceden al 50% del pago de sueldos, no al crédito y en el medio lo que se dice y no se hace como el bono al personal de salud.
¿Entonces cómo comen esos descartados? Es ahí donde surge el debate de abrir la economía, es ahí donde quien no tiene la leche de esa teta pero colabora con la fabricación de la misma pide poder buscarse su alimento, ese mismo que se pregunta ¿por qué hay tanta gente habilitada para hacer colas pagando impuestos no puede venir sola a mi comercio?, ¿por qué ese que solo debería vender harina y sal puede vender televisores y pantalones?, ¿acaso la gente que compra su harina allí tiene una burbuja especial que no puedo proveer yo? Justo ahora que está más tiempo en su casa no puedo ofrecerle lo que necesita para mejorarla.
Las cámaras de comercio de todo el Partido se han desvivido presentando propuestas, protocolos, investigando, reuniéndose en forma virtual, consultando a expertos y atendiendo a cada pedido del Municipio para entender juntos cómo mover una situación que ya generó la pérdida total de varios comercios que no pueden bancar más los alquileres y los impuestos que por cierto nunca bajaron.
Buscamos la mejor situación que atienda la salud general, pero también la mental de quienes ven escurrirse toda su vida de trabajo, de quienes no pueden mantener más a sus empleados ni a su propia familia. No se puede esperar a la vacuna con la cuarentena. Necesitamos respuestas reales para una vida real.




