Tribuna del lector

La salud pública como respuesta a cualquier bandera

domingo, 6 de diciembre de 2020 · 08:16

Por Sebastián Neuspiller* 

Después de haberle dedicado gran parte de mi vida y formación, y seguir haciéndolo, a la obstetricia y a la fertilidad, al deseo de las madres y los padres de formar familias, hoy me encuentro en un contexto que requiere ser analizado y quizás reformulado para dar respuestas a las personas que forman parte de nuestro sistema de salud pública.
Cuando me preguntan cuál es mi postura no puedo evitar vislumbrar un espíritu competitivo y resultadista que poco aporta a la importancia que tiene garantizar la seguridad social para los argentinos. Lo más importante que busco destacar como médico, pero también como padre y como funcionario público, es la importancia que tiene la búsqueda del diálogo para enriquecer nuestros pensamientos y nuestro sistema, que tiene que avanzar al mismo tiempo que las necesidades: al fin y al cabo todos defendemos la vida.
Una de mis primeras noches de guardia me encontré con el primer Síndrome de Mondor, un cuadro tóxico hemolítico que resultó en la muerte de una paciente de 15 años. Ese fue el primer momento donde pasó por mi mente lo fundamental de un procedimiento médico que podría haber evitado la pérdida de la vida de una niña.
Muchas de las preguntas que surgen se responden por sí solas cuando se entiende que un procedimiento de tal magnitud no se llevaría a cabo en reemplazo de un método anticonceptivo, cuando se hace hincapié en la importancia de la educación, de una Ley reproductiva para transitar cualquier momento relacionado a la reproducción y sobre todo cuando se entiende que esta problemática social ya existe y es necesario abordarla juntos y sin más preámbulos.
Y sobre este punto quiero hacer especial énfasis. La interrupción del embarazo no puede nunca ser utilizado o pensado como método anticonceptivo, ni desde el Estado ni desde la sociedad. Es clave y muy importante que las generaciones que vienen tengan la información que necesitan en el momento de empezar su vida sexual.
Sin dudas este año nos deja a la educación en el debe. Son varios los motivos y no vienen al caso, pero sí es relevante tomar nota de lo sucedido y entender que en muchos casos los embarazos no deseados surgen de la falta de educación, en la escuela y en la familia. Incluso, en este aspecto hay que reconocer que el sexo sigue siendo un tema tabú en muchas casas a lo largo y ancho de la Argentina. El no hablar de sexo lo único que genera es desinformación. Y esa falta de información es la que deriva en la toma de malas decisiones.
En todos los órdenes de la vida, y en la salud mucho más, para poder elegir hay que tener información y conocimiento. Durante mi carrera ayudé, desde mi profesión, a cumplir el sueño a familias de todo tipo. La
llegada de un hijo es el acontecimiento más importante en la vida de una familia, no solo de los padres sino de todo el grupo familiar. Es por eso que desde mi lugar no puedo estar a favor de la interrupción de un embarazo.
Mi objetivo profesional y para lo que me formé es lograr que quien no puede tener un hijo, lo haga. Sin embargo, estoy seguro que con un debate serio y responsable, dejando las agresiones y los fanatismos de lado, el Congreso y nuestra clase dirigente llegará a la mejor ley. Una ley que no dejará a todos conformes, pero que sin dudas enriquecerá el debate público y nos hará madurar como sociedad.
Con protocolos claros que acompañen las decisiones, que cuiden a las madres y a los bebés, con acompañamiento por parte del Estado y con el diálogo que merece semejante temática, llegó el momento de profundizar el debate antes del levantamiento de cualquier bandera o color, porque se trata de un planteo que le debemos a las próximas generaciones pero sobre todo a la sociedad que representamos y debemos cuidar.

*Presidente de la Obra Social del Personal de Seguridad Pública de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (OSPESE). Ex Superintendente de Salud de la Nación. 
 

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