Opinión

Femicidio de Silvia Saravia: otra víctima del pacto de silencio

domingo, 1 de noviembre de 2020 · 08:05


Por Andrea J. Carpaneto*

Cada femicidio me impacta de igual forma. Preciso de algunas semanas para reflexionar sobre los hechos. El dolor es inmenso. Una mujer menos, asesinada a manos de su pareja. El caso se replicó en innumerables medios de comunicación del país. Lo que se subrayó es que fue “un empresario millonario”, como si esta condición marcara alguna diferencia. Todos los femicidios son iguales. Una vez más, nadie pudo ayudar a esta mujer a escapar de su asesino.
La repercusión mediática, a mi modo de ver, tiene que ver con la dificultad de nuestra sociedad de entender que la violencia de género no discrimina clases sociales, ni niveles de formación académica. La violencia de género la puede padecer cualquier mujer y niña dentro de nuestra cultura patriarcal. En este femicidio, el poder económico contribuyó y coadyuvo al silencio de allegados, familiares y vecinos. Se trata del miedo a un varón con poder económico. ¿Quién se atrevería a sacar a la luz las atrocidades de una familia acomodada y de prestigio social? El poder, de acuerdo a cómo se lo utilice, paraliza y amedrenta.
Los pactos de silencio son abroquelados en las familias de clase alta. Sobre todo si tienen presencia mediática. Este pacto se firma simbólicamente y queda implícitamente sellado en el contrato del matrimonio. Como si el mandato fuera: “Se sabe que todo quedará dentro de la familia hasta que la muerte los separe”.
En esta tragedia ocurrida en la familia, la muerte separó a Silvia del femicida. Ella recobró su nombre y su historia. Volvió a ser Silvia Saravia, sin el posesivo “de Neuss”. Dejó de ser “la mujer de…” Actualmente, cada mujer tiene en su documento su nombre de nacimiento, ya no se agrega el nombre del varón. Estos han sido uno de los grandes avances legales en nuestro país.
La incorporación del femicidio al Código Penal Argentino fue el  14 de noviembre del 2012, se sanciona la ley 26.791 y se promulga el 11 de diciembre del mismo año. El femicidio no fue incorporado como figura penal autónoma, sino que se lo considera un agravante del homicidio.
Los femicidios se definen como “el asesinato de mujeres realizados por varones, motivado por, odio, desprecio, placer, sentido de propiedad de la mujer”. Los femicidios se inscriben como la forma de violencia extrema hacia las mujeres por el hecho de ser mujer. Este es el delito extremo por odio hacia las mujeres. Acunado por primera vez en 1976, por Diana Russell.
Aparece el termino feminicidio, -en Argentina se lo diferencia del de femicidio- que es la impunidad de los asesinatos a mujeres por cuestiones de género. Las instituciones que debería protegerlas las dejan al desamparo. Puede terminar siendo posibilitado o consecuencia de la victimización secundaria relativa al accionar de personal de intervención de salud, intervención de la Justicia, intervención social, intervención de educación.
La violencia conyugal, en el caso del femicidio de Silvia Saravia, sucede en el más absoluto silencio. El hermetismo absoluto del horror. Con las primeras versiones romantizadas. En este caso, la versión del “pacto suicida”. Fue el último intento de tapar y esconder el maltrato del cual era víctima Silvia Saravia. Ella no pudo salir del horror, pero su femicidio debe abrir el camino a otras mujeres. Parte del proceso de cambio es hablar. No están solas, todas las mujeres que padecen alguna forma de violencia pueden salir, por más complejo que parezca el recorrido. Vale la pena intentarlo.
Otro dato importante a tener en cuenta es que, de acuerdo a nuestra legislación, la única denunciante debe ser la mujer que sufre maltrato. Sin su denuncia, no se puede proceder con las medidas cautelares para su protección. Con esto quiero decir que es muy importante efectuar las denuncias ante los organismos correspondientes. Cualquier comisaría tiene la obligación de tomar la denuncia por violencia de género o violencia familiar. También se puede llamar al 144 desde donde derivan a la denunciante a la institución más cercana al domicilio. Además, brindan todos los recursos disponibles para las mujeres.
A esta altura del aislamiento social y preventivo, ya sabemos que cualquier mujer puede salir a pedir ayuda. Aunque parezca algo inalcanzable, siempre hay soluciones posibles. La salida se puede lograr. 

*Psicóloga UBA


 

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