OPINIÓN

La credibilidad herida

Tras la caída de un trozo de mampostería en una escuela, el gobierno eligió guardar silencio.

Por Redacción Pilar a Diario 17 de marzo de 2019 - 00:00


La caída de un trozo de mampostería en un aula de la Escuela Primaria 25, de Del Viso, dejó más heridos que los dos chicos golpeados por los escombros. También lesionó la credibilidad del gobierno.
La elección del silencio del como estrategia oficial de comunicación ante la crisis dialoga con el anuncio, hecho apenas dos semanas antes, de que todo estaba bien puertas adentro de las escuelas.
La foto del 26 de febrero muestra al intendente Nicolás Ducoté rodeado de todo el equipo de educación del gobierno: su subsecretaria del área, Sonia Stegmann; el presidente del Consejo Escolar, Pablo Donoso; el jefe distrital del ministerio de Educación provincial, Sergio Silvestri, y otros funcionarios ligados más o menos directamente al tema. 
“Todos los edificios están en condiciones de arrancar las clases”, dijo ese día el intendente en conferencia de prensa, con el edificio del Instituto Carlos Pellegrini de fondo. 
Ninguno de los presentes en aquella conferencia de prensa respondió los llamados de los periodistas locales tras el derrumbe de una parte de la mampostería en un aula de la escuela 25, de Los Cachorros, ocurrido apenas 16 días después.
En rigor, no era esperable ni lógico que fuera Ducoté el vocero de la crisis. Bastó con su visita a uno de los chicos heridos, hecho que mantuvo en decoroso silencio y solo fue confirmado después por la madre del nene.
Hacia abajo fallaron sus fusibles. Ni Pablo Donoso, ni Sonia Stegmann, ni Sergio Silvestri emitieron palabra tras lo sucedido. Solo el consejero escolar Pablo Guzmán respondió llamadas y brindó información, indispensable ante la situación. La paradoja es que, desde dos semanas antes del hecho, Guzmán había pasado a formar parte de la oposición. Es decir, que difícilmente pueda ser tomado como vocero del gobierno.
El silencio no suele ser una buena estrategia. Alimenta rumores y genera desconcierto. Solo sirve cuando la apuesta es esperar que el tiempo y la vorágine informativa quiten el tema de la agenda y cicatrice la credibilidad lastimada. Una apuesta demasiado mezquina frente a una situación que requiere respuestas claras.

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