Correo de lectores

Por Redacción Pilar a Diario 23 de septiembre de 2018 - 00:00

¿Somos o nos hacemos?

Sr. Director: 
En varios hechos tal vez más visualizados en los últimos días, aunque no diarios sin tanto revuelo, ha surgido nuevamente la disyuntiva entre cumplir la ley o si se puede… zafar.
Hemos visto como en la Capital de nuestro país un motociclista baja su moto del acarreo luego de ser llevada por la grúa por una (supuesta) infracción de tránsito, mal estacionada sobre la vereda peatonal y ante la requisitoria de papeles algún que otro “permiso” no tan legal para circular. En otro caso, estacionando sobre la ciclosenda buscando un derecho oculto por “cargar comida para un comedor”.
Pero esto no es todo, el quid de la situación tiene que ver con las posiciones tomadas en una y otra vereda cuando esta calle sólo debería tener una mano, la de cumplir la ley. Parece que encontrar la posibilidad de corromperla genera un sabor de poder que si encima viene acompañado del apoyo de otros que lo único que provocan es agigantar las consecuencias del quebrantador, mejor. Y ahí discutimos si la ley está bien o está mal, cuando esa responsabilidad les cabe a los representantes que nosotros mismos elegimos para que las decidan y a nosotros sólo nos queda la posibilidad de cumplirlas, y si así no fuera, hacernos cargo de las consecuencias.
Que si un vehículo queda estacionado en una bajada de discapacitados y la grúa lo acarrea son unos hdp porque “sólo bajé unos minutos”, como si esos mismos minutos no fueran importantes para aquella persona que necesita cruzar la calle por ese lugar.
Que las cámaras de fotomultas son recaudatorias cuando, querido conductor, nunca van a recaudar nada si nadie comete ninguna infracción, más allá que el vecino peatón usuario de la senda peatonal donde se encuentra instalada la cámara ya no necesitará de la buena disposición de quien venga manejando, y sólo mirará el semáforo que le permitirá cruzar, como sí ahora, luego de unos cuantos años, empiezan a cumplir la tarea para los que se instalaron.   
Algunas conductas pseudoanárquicas donde se practica la concepción del ser libre y dispuesto a hacer lo que quiera, acompañado de enseñanzas a veces mal entendidas con respecto a la imposición de mi idea sobre la de los demás, más allá de si la comparten, y si así no fuera no importa, crea ese mundo de individuos que dejan de entender que son parte de una sociedad donde hay más que piensan.
Lo cierto que una idea tiene que tener su sustento, no podemos imponer lo que pensamos porque sí, lo ideal es mostrar los porqué de nuestra propuesta o posición. Eso no va a definir una única realidad, y no hay mejor ejemplo que la discusión sobre el aborto legal de este año donde dos posturas bien definidas, con argumentos tal vez sólidos desde ambos rincones, necesitan de la arbitrariedad de los definidores, que no son más que representantes elegidos por todos nosotros con el poder a cargo de hacerlo. 
Entonces la vieja y eterna discusión seguirá siendo si cumplimos o no cumplimos la ley. Más allá de los ejemplos diarios donde pareciera que, cambio o no mediante, la ley tiene un código para algunos y otro código para otros, y que ese reclamo justificará nuestra posición de inconducta donde siempre, porque eso habrá que repasarlo desde la primera enseñanza, nuestra infracción perjudica a otro, aunque pareciera que no, lo hace. Y para ello y no para otra cosa existen las leyes, para que todos podamos convivir en relativa armonía buscando el punto de equilibrio entre lo que queremos, lo que podemos y lo que debemos hacer.      

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