Ex futbolista y conductor José Pepe Chatruc supo ganarse el amor de los argentinos gracias a su simpatía y buen humor en ciclos como Pura Química, de la señal ESPN. Pero el hombre de 41 años que vistió durante varios años la camiseta de Racing, es también vecino de la zona y ahora debuta en su nueva faceta como empresario: llegó a Pilar con un gimnasio que promete cambiar la moda fitness en el distrito. Junto a dos socios, ayer dio por inaugurada la sucursal Pilar de Bigg Fit, el 12º local del gimnasio, el primero en la zona.
En diálogo con El Diario, Chatruc reconoció que, más allá de las grandes cadenas que tienen presencia en el distrito, su confianza radica en que ofrecen algo distinto, más personalizado y en que el aspecto diferenciador es, precisamente, la buena energía. “Creemos que es todo lo contrario a lo que ofrecen los grandes gimnasios que están en Pilar, los que vengan a Bigg podrán recibir una atención distinta y en cada una de las clases que ofrecemos van a poder apreciar eso”, contó.
Tanto él como sus socios, Guido -que abrió el primer Bigg en Recoleta- y Juan Manuel, conocen Pilar como a la palma de su mano porque crecieron, vivieron y tienen grandes amigos por acá, por eso no es casual que hayan elegido instalarse en el kilómetro 49,5 de Panamericana, en el edificio Paralelo 50.
“Obviamente, desde el aspecto comercial lo que queremos es que funcione, pero además esperamos que la gente venga a desenchufarse, que se vayan de acá con más energía”, reveló el ex futbolista.
En la misma sintonía, su socio Guido, explicó que “queremos que acá pase lo que pasa en las otras sucursales, donde se forma una comunidad y la gente que viene logra un sentido de pertenencia, como si fuera un club”.
Fue el mismo Guido, fundador y dueño de las 12 filiales, quien reconoció que su deseo era que el primer local tuviera lugar en Pilar por considerarlo un “punto clave”, pero después, por cuestiones diversas, no pudo concretar ese sueño. Ahora entiende que si en ese momento no pudo concretarlo fue por algo, posiblemente porque al proyecto le faltaban dos patas fundamentales, las de sus socios.


