Por quinto año consecutivo, Noruega logró posicionarse como el país más democrático del mundo según el Índice de Democracia 2014 publicado por The Economist Intelligence Unit el 20 de enero. Además obtuvo 9,93 puntos de 10 por 5º año consecutivo. Sacó puntaje máximo en cuatro de los cinco factores evaluados por la medición (proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionalidad del gobierno, participación política y cultura política).
¿Qué es lo que ha permitido a Noruega posicionarse como el país más democrático del mundo? Esta pregunta me motivó a sumarme a la Misión de Observación Electoral que organizó Transparencia Electoral y que incluyó observadores de Argentina, México, España, Perú y Brasil. La respuesta es sencillamente la confianza.
Las elecciones las organiza el poder ejecutivo, el cual delega en los gobiernos municipales la implementación de directivas generales para llevar adelante las elecciones. Las boletas las imprime el gobierno nacional, son todas del mismo formato pero cada partido tiene su boleta. No hay mecanismos electrónicos, salvo escaners para el conteo final y un sistema de padrón electrónico que solo muestra el nombre del votante donde se registra si ya se presentó a votar. Un sistema orientado hacia el servicio. Votar es fácil, se puede hacer por adelantado en locales preparados para tal fin. No hay custodia de la policía o ejército sobre las urnas, los comités municipales son responsables y contratan empleados para el comicio. Las boletas cuentan con un número de impresión que en definitiva, si somos malintencionados puede dar lugar a la trazabilidad del voto con su emisor. Las empresas, los sindicatos y los particulares pueden hacer aportes a los partidos políticos sin límites bajo la condición que queden registradas.
El sistema en sí es vulnerable, a más de un lector, acostumbrado a las tácticas electorales de guerrilla que aprendimos en el conurbano, se le debe haber hecho agua la boca. Débil por donde se lo mire y sin embargo funciona. En reuniones con representantes de los partidos más representativos de Noruega nos contaron que son reacios al voto electrónico. Al día de hoy, los políticos aún no están dispuestos a dar el debate y sinceramente no parecería hacer falta dado que con el sistema vigente el 79% de los habilitados a votar se acercó voluntariamente (el voto no es obligatorio) a las urnas.
La conclusión principal es que un sistema electoral complejo, con impresoras, pantallas táctiles y computadoras no garantiza nada si no vivimos la democracia diariamente. La democracia iguala a los ciudadanos. Mi voto no vale ni más ni menos que el de otro ciudadano. Ahora, esa igualdad democrática es efímera, es un evento puntual cada dos años. Entre votación y votación vivimos en periodos de intensa desigualdad social. Noruega, en cambio, es también uno de los países más igualitarios del mundo, en consecuencia la democracia es el sistema que mejor se combina con esa realidad. La premisa idílica de que la democracia iguala a los ciudadanos tiene más contenido fáctico en Noruega. Mediante un estado fuerte, con baja corrupción y nulo favoritismo los noruegos generan confianza social que permiten altos impuestos y excelentes servicios públicos. Creo fuertemente que esa es la principal pieza que sustenta la confianza en cada eslabón del proceso eleccionario.
*Licenciados en Relaciones Internacionales.