Nos gustaría poder decir que marchamos porque murió un fiscal de la nación y punto. Este sería un argumento de peso suficiente como para que no haya críticas al hecho de marchar.
Pero, ya sabemos, estamos en Argentina y no todo es tan sencillo; porque ahora surgen las acusaciones de que es una marcha política, que es una marcha de la oposición, que es una marcha de la derecha, etc. Y debemos responder que sí y debemos responder que no.
Una marcha convocada por fiscales es el reflejo del mal estado en que se encuentra nuestra República. Es un más que evidente llamado de atención para toda la ciudadanía. Sobre los convocantes todos tenemos ciertos reparos y dudas. De los convocados cada cual irá por sus propias ideas sobre el reclamo, nosotros iremos porque no queremos seguir siendo tratados como estúpidos. Queremos llamar la atención del gobierno para expresar que el avasallamiento tiene un límite. Queremos que este gobierno finalice su mandanto en paz y en los términos que lo dicta nuestra constitución. No somos golpistas, somos ciudadanos que queremos expresarnos.
Sabemos de los riesgos que corremos en cuanto a ser funcionales a los que quieren que nada cambie y sólo usan un maquillaje de renovación que no es tal. El riesgo de ser funcionales a los golpistas del 76, del 89 y del 2001, lo asumimos porque también asumimos el compromiso de no dar lugar a los golpes institucionales y porque sabemos claramente cómo se gestan los mismos.
Seguramente iremos a la marcha con la nariz tapada porque marcharemos junto a quienes no lo haríamos en situaciones normales. Pero esta es justamente una de esas situaciones anormales que nos obligan a poner por encima de toda diferencia los valores supremos que sostenemos: la vida y la república.
Por esto, entonces, algunos radicales marchamos para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.