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Tribuna del lector: No sea “Anti”*

19 de septiembre de 2012 - 00:00

 

Roberto Ezequiel Martinez**   

Lo escucho y lo leo Sr. Víctor Ejgiel. Siempre con el mismo odio y rencor, quizás explicable en parte por esa frase histórica  y clarificadora de Don Arturo Jauretche: “Las mayorías no odian, odian las minorías, porque conquistar derechos da alegría mientras que perder privilegios genera rencor”.

Su infinito desprecio por lo popular, por su cultura, por sus hábitos, por sus expresiones hasta por su estética, por su visión de conjunto que se opone claramente a la visión del individualismo como dogma.

Pero lo que más desprecia es su voto, su inequívoca contundencia, su masividad, su respaldo en el tiempo a los proyectos que devolvieron a todos los argentinos el trabajo, la producción nacional, el consumo popular, el acceso a bienes básicos durante décadas sólo accesibles a los que se creían los dueños de la Argentina.

A los que endiosan a los mercados, a las monedas foráneas y a la extranjerización de la economía y desmantelaron cada vez que gobernaron a través de una dictadura militar, (o los que no pudieron terminar su mandato por traicionar su base electoral como De la Rúa), el aparato productivo y la industria nacional.

Le duele que la Argentina hoy tenga el salario más alto de todo América Latina, que se hayan incorporado 5.000.000 millones de puestos de trabajo y que se hayan vendido 4.000.000 millones de autos. Que haya más de 25.000.000 millones de trabajadores argentinos y sus familias que tienen obra social.

Pero su infinito odio, casi racista, sólo le hace repetir frases hechas que por repetidas miles y miles de veces al día por algún grupo mediático oligopólico, no logran hacerlos realidad.

Las grandes mayorías populares no tienen la culpa que su partido y los intereses que representan nunca hayan sacado más del 5% de los votos ni hayan gobernado ni siquiera una comuna agraria ni en Albania, ni en la Argentina ni en ningún lugar del mundo.

Su intolerancia y su odio enceguecedor, como su desprecio por la democracia real lo lleva a despreciar hasta su propia inteligencia. No se le ha escapado una sola idea, una sola propuesta, TN, todo negativo, todo por la negativa. No se le cayó un sólo concepto en positivo.

Usted es un miembro de la cultura anti, siempre son anti algo. Sólo dejan de serlo cuando se apoderaron por la fuerza las minorías del privilegio a través de las dictaduras militares.

Verá usted, señor Ejgiel, que en su carta no hay ni siquiera un sólo comentario crítico al genocidio, a las desapariciones de miles de personas, a la destrucción económica realizada por el Proceso, que había usurpado el poder. Pero sí llamativamente de quienes realizaron acciones de resistencia hechas por agrupaciones y partidos políticos.

Nada es casual Sr. Ejgiel, ni su odio, ni su falta de ideas, ni su falta de un proyecto económico al cual poder apoyar públicamente. Sólo porque le debe dar una enorme vergüenza escribir las verdaderas razones de su enojo. ¿Será el cepo al dólar? Nunca le ha ido mejor a la “gente”, como Ud. dice, pero se queja porque no pueden llevarse los dólares que ganan con los sobreprecios, el trabajo en negro y el pago de sueldos miserables, al exterior.

Ud. es un docente raro, muy raro, se preocupa de sobremanera de ciertas restricciones que sólo debieran preocupar a los grades grupos económicos en todo caso, por otro lado tiene un relato de la historia un poco “sesgado”. Y lo más raro es su oposición a la participación de los jóvenes en la vida democrática para ampliar ciudadanía y derechos.

Debiera saber como docente que por ejemplo en Brasil desde hace 20 años que los jóvenes votan a los 16 años. Su voz debió sonar similar a los que se opusieron al voto femenino en su momento.
Cuesta creer hoy que hubo gente que se oponía al voto de la mujer implementado por quienes los anti la convirtieron en leyenda. Los anti como Ud. tienen la paradójica virtud de hacer más grandes los avances populares.

Puede ser que haya chicos esperando notebooks de las más de 1.000.000 entregadas en todo el país. Pero es un país gracias a todos los argentinos que mayoritariamente no piensan ni votan como usted, que recuperamos un país con un futuro mejor que hace apenas unos años. Vimos como se saqueaban supermercados, con el 35 % de desocupación y les robaban los depósitos bancarios.

Por último, no se preocupe por la libertad, porque en el caso, como sucedió una y otra vez en la Historia Argentina, desde las luchas por la independencia nacional, en las luchas por librarnos de la dominación de potencias extranjeras, como en las luchas por conquistar la democracia, como para recuperarla, los que siempre han pagado el precio por defender la libertad, incluso con sus vidas, siempre fueron los mismos. Esos a los que usted tanto odia, y como decían los godos desde la época de la colonia “los llevan a pelear por la libertad y la  independencia (por el pancho y la Coca.)”. Sea Inteligente, no sea anti

 

*En respuesta a la Tribuna del lector publicada en domingo, escrita por el lector Víctor Ejgiel.

 

**Vecino de Alberti, Partido de Pilar.

 

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